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domingo, 30 de agosto de 2020

20 años de salsa chimichurri

 "Ponemos como fecha de inicio el 20 de agosto de 2000 porque fue la primera que reunimos un buen corro y recaudamos una gorra digna (3000 pesetas), antes solo fueron fracasos" recuerda divertida Marina Benites (Comodoro Rivadavia, Patagonia Argentina, 1981). Ella, junto a Rafa Dante Rúa (Sarmiento, Patagonia Argentina, 1979) forma la Compañía Chimirrurri, que acaba de celebrar su 20º aniversario, que se dice pronto. Y lo han hecho, cómo no, en la carretera, trabajando en un bolo


Curtidos en los espectáculos callejeros y para público familiar, ellos explican que es donde más cómodos se sienten. "Nos gusta especialmente cuando vamos a los pueblos y salen absolutamente todos de sus casas para vernos, desde la más pequeña a la abuelita más anciana". Y subrayan lo impredecible y la frescura de actuar en calle: "te acerca mucho más al público, de hecho, la actuación pasa a depender del público, haciéndolo muy diferente de un teatro".

Y es que son 20 años donde han realizado incontables actuaciones en decenas de países, y que dan para miles de anécdotas, como la de su primera actuación real en el Parque del Retiro de Madrid, que recuerda Marina: "yo tocaba un djembé (que no sabía tocar) mientras Rafa hacía un número de diábolo, así empezaba nuestro 'espectáculo'. No se paró nadie y nos fuimos a casa con las manos vacías".  O la rocambolesca historia que destaca Rafa: "Estábamos en 2002 en fiestas de Santander con nuestros amigos Tommy y Nati, nos pusimos a actuar en una calle cortada del barrio portuario. Ya teníamos un buen corro de gente cuando un conductor con claros signos de ebriedad quiso pasar por la calle, teniendo que apartarnos y llegando a atropellar una de nuestras mazas (que aún conservamos). Nos enfadamos mucho y el público nos ayudó a pararlo, yo me subí al capó con el amplificador a decirle cosas, él se puso a gritar y Marina acabó dirigiéndole un uppercut a través de la ventanilla abierta. Después se bajó y acabó viniendo la policía municipal (sus amigos, avisados por él y unos conocidos), y la policía nacional (avisada por nosotros). Al final acabamos Marina y yo en la comisaría de la policía local, sin multa eso sí, y él se fue de rositas".


 

Primeras actuaciones en El Retiro, año 2000

En este tiempo han superado dificultades como esos primeros bolos desastrosos o averías técnicas de lo más variado. También la vuelta de Rafa durante unos meses a su Argentina natal: "creía que era lo mejor para mí proyecto familiar en ese momento, pero después de un tiempo y de mucho sacrificio en el aspecto laboral decidí volver. Es increíble y admirable lo que tiene que hacer un/a artista para ganarse la vida en Sudamérica", comenta Rafa. Además han conseguido superar un reto aún más complicado: mantener la compañía pese a terminar su relación sentimental. "La verdad es que desde que no somos pareja nos llevamos mucho mejor" explica entre risas Marina. "Nosotros ya éramos grandes amigos antes, nos conocemos desde los 15 años. Llegó un momento en que nos dimos cuenta de que no funcionaba el tema pareja, pero decidimos seguir trabajando y poner por delante lo positivo que teníamos. No fue fácil, pero en el circo siempre hay un más difícil todavía".

Marina y Rafa se conocieron en la adolescencia mientras cursaban la carrera de teatro. Allí complementaron su formación con algo de acrobacia y malabares ya que "eran un recurso perfecto para el teatro callejero". Entonces Rafa sugirió ir a España, donde tenía familia lejana. "La idea original era a estudiar teatro, pero se complicó por temas económicos y de papeles". Haciendo semáforos y actuaciones de calle juntaron el dinero suficiente para los billetes de avión y aterrizaron en Madrid. "Cuando llegamos a Madrid veníamos con lo justo, y aunque buscamos trabajos varios (camareros, limpieza en oficinas, etc) en ninguna entrevista nos aceptaron, por lo que decidimos montar un espectáculo de calle", recuerda Marina. 

Así comenzaron a acudir al Parque de El Retiro, lugar donde muchos artistas se han iniciado a lo largo de décadas. Fueron unas primeras actuaciones muy precarias: "No teníamos equipo de sonido, ni micrófonos, ni escenografía ni nada, y nuestros primeros ingresos invertimos para atraer a más gente". Al final consiguieron ser independientes económicamente con solo 19 y 21 años, y eso trabajando únicamente los fines de semana. "Eso sí, a las 6 de la mañana cogíamos el primer metro para tener el mejor lugar en el Reti y nos volvíamos a casa con 5 o 6 actuaciones hechas", aclaran. 

 Rafa y Marina, en una de sus primeras actuaciones en El Retiro, año 2000

"Después de un año de trabajar a la gorra en El Retiro nos enteramos de que existía una escuela de circo en Madrid llamada Carampa. No dudamos en hacer las pruebas de ingreso y nos admitieron". Así, durante dos años se formaron en esta escuela de circo, graduándose en 2003, a la que consideran ya parte de su familia. "Nuestro paso por Carampa está lleno de aprendizajes, de recuerdos, de amigos y amigas y de mucho cariño. Desde el minuto 1 nos adoptaron y nos trataron como familia, nos ayudaron con los papeles, etc. Faltarían páginas para agradecer aquí lo suficiente todo lo que ha supuesto para nosotros Carampa". De hecho, fue gracias a estos apoyos y experiencia por lo que se asentaron en Madrid como base de operaciones durante unos años, aunque actualmente ya vivan en diferentes provincias.  


 

Preguntados por el futuro de la compañía reconocen que la situación actual llena todo de incertidumbre, sabedores de que vienen meses duros para el sector, pero, como ellos mismos refieren "no le tenemos miedo, no es la primera crisis que vivimos, que ya tenemos unos añitos". Sus ganas de continuar en la brecha no disminuyen y ambos se encuentran en proceso de creación de nuevos espectáculos unipersonales y con muchas ideas para "cocinar la siguiente receta a dúo de la Cía Chimichurri". Estamos de suerte, queda salsa para rato.



La Cía Chimichurri celebrando su XX aniversario tras su bolo del 20 de agosto
La Cía Chimichurri celebrando su XX aniversario tras su bolo del 20 de agosto

Enlaces de interés: 

miércoles, 4 de enero de 2017

En Navidad, payasos

Como el turrón, la Gala de Payasos Sin Fronteras siempre vuelve por Navidad. Es una de esas fechas que se suelen reservar en el calendario, sobre todo si uno ya lo ha probado antes. Esta ONG presenta un tremendo recorrido y una infinidad de acciones realizadas. Su labor es, por desgracia, muy necesaria; pese a que inicalmente uno pueda pensar que hay cosas más importantes que llevar a zonas en conflicto. Pero no, la risa y la ilusión que generan en sus proyectos esta ONG allá donde vayan funciona como un bellísimo paréntesis en su día a día y seguro que deja un poso en su cabeza durante mucho tiempo. Lo ilustra perfectamente esta viñeta de Manel Fontdevila:




La Gala de Navidad es una de esas formas que tiene la ONG de visibilizarse y dar a conocer su trabajo, así como ayudar a financiar sus proyectos. Este año volvió a ser en el Teatro Figaro de Madrid, el pasado 3 de enero. Siguieron fieles al formato y volvieron a hacer una Gala Infantil y otra para público adulto.

En esta segunda Gala pudimos disfrutar de una gran noche de risas y circo. Condujo la gala Davel (Don Davel) que se estrenó, con buen resultado, en su papel de presentador. Una mezcla de efectos mágicos, risa floja y un peculiar acento ruso que iba y venía se conjugaban con su tarea de informar de los artistas y la ONG de una forma encomiable. Aprovechó también para presentar un nuevo número de su especialidad, los malabares con sombreros, junto a su compañera Anouk, que le acompañó a los efectos vocales y la música de su acordeón.



Curiosamente, esta gala comenzó con un número poco frecuente, una versión de Earth Song de Michael Jackson interpretada por el vozarrón de la cantante Jennifer Almeida. Tras ella intervino Iván G. Torre, verticalista del Aula de Circo Chaminade con su impresionante número de equilibrios en suelo y sobre los pulls. También en la primera parte las Sincronacidas, una descacharrante parodia de un ejercicio de natación sincronizada, ejecutado por Mon Salmón y Greta Marí.



El mago Miguel Ángel Gea se salió de sus habituales rutinas de magia de cerca para realizar su rutina de magia con monedas y de aros chinos, aderezado con su buen humor y su facilidad para hacer grandes a los "voluntarios". También pudimos disfrutar de uno de los grandes payasos residentes en España, el argentino Hernán Gené, muy implicado con la pedagogía del clown. Su número se sale de la norma, sin un argumento definido, jugando con 4 palabras en varios idiomas y utilizando registros audiovisuales. Ya para terminar, volvió uno de los habituales de estas galas, el humorista Agustín Jiménez, con un monólogo muy ágil que saltaba entre anuncios de teletienda, las sutiles diferencias entre hombres y mujeres y el lenguaje de los jóvenes.



El público se marchó del teatro Fígaro con lágrimas en los ojos y agujetas en la tripa de tanto reír, que es la mejor forma de empezar un año. Esta acción terapéutica que conlleva la risa en cualquier situación es aún más importante y necesaria en zonas de conflicto, donde esta cualidad humana a veces se ausenta durante demasiado tiempo. Por eso es esencial que existan ONGs como Payasos sin Fronteras y que todos colaboremos con ella.

¡Hasta el año que viene!

jueves, 10 de marzo de 2016

Simplemente Juan Juanín

Ayer Juan Silva Pequeño, más conocido como Juan Juanín, hubiera cumplido 34 años. Por desgracia, el 7 de diciembre de 2014 falleció de un paro cardiaco mientras dormía en su domicilio. Una noticia trágica que pilló a todos sus conocidos por sorpresa, dejando a sus amigos y familiares destrozados y un gran impacto en el circuito de calle circense.






Juanín nació en Nigrán, Galicia, en 1982. Siendo un niño introvertido, a los 12 años se apuntó a una actividad de teatro del colegio y allí descubrió su vocación. "Se transformaba en el escenario, se le veía muy cómodo, cuando luego fuera del mismo era tímido", explica su padre, Juan Silva Castro. Siguió recibiendo clases de teatro, mientras añadía habilidades musicales al comprarse una batería y formar un grupo de música: Paco Jones, llegando a dar varios conciertos en locales de Vigo. Por entonces, una lesión de rodilla acabó con una de sus grandes aficiones, el fútbol; por lo que se centró en su vocación. "Un día a los 16 años nos sorprendió con que quería ser mimo, cogió un mono de trabajo, lo pintó de plata, se puso un casco y allí que se fue, a la calle del Príncipe (una de las principales calles de Vigo) a pasar la gorra. Nosotros no dábamos crédito", recuerda su padre.

Juanín, con 16 años, de mimo en las calles de Vigo


Fue tocando varios palos del espectáculo en su adolescencia, haciendo monólogos, siendo cuentacuentos, participando en diversas obras de teatro, e incluso como figurante en alguna serie de televisión. Fue a Santiago a hacer varios cursos. Fue en un Festiclown donde participó en un taller de Jango Edwards y se enamoró de esta disciplina y de este artista, convirtiéndose en uno de sus grandes referentes junto a Leo Bassi. Allí también conoció más el circo y el teatro de calle.

Pronto Galicia se le quedó pequeña y, siguiendo a algunos amigos ya instalados allí, cogió las maletas y se instaló en Valencia en 2004, la que sería su casa hasta el final. Allí fue pieza clave en la actividad circense de la región, siendo uno de los pilares de la Asociació Valenciana de Circ durante muchos años, así como uno de los impulsores del Espai de Circ. En 2006 consiguió formar parte del elenco de la Fura dels Baus. Durante tres años participó en varias producciones de la compañía, actuando en todo el país y en Italia. Pero su inquietud le impidió mantenerse allí, sintiendo que necesitaba algo más rechazó a la prestigiosa compañía y se embarcó en sus proyectos personales.

Desde 2008 forma, junto a Lomi Szil y Vicente Grau, la compañía Sin Mundus Cirkus, divertida, irreverente y con muchos malabares; que de forma intermitente siguió ofreciendo espectáculos hasta 2011. En 2010, con Roi Borrallas, crean la compañía La Bella Tour. En ella se representaba un espectáculo que combinaba clown, acrobacias y mucho humor (ver vídeo de una función). Entre 2012 y 2013 fue parte del elenco de la gran producción circense Eoloh, que giró por todo el país, siendo uno de los clowns principales.

Juanín junto a Roi, La Bella Tour


En 2012 funda, junto a Cesar García, Alberto Vidal y Olga Osuna la compañía La Finestra Nou Circ, que realizó tareas diversas como producciones de espectáculos (La Familia Romanesku, Circ y Foc, Circambulant, etc), organización de  festivales (Festival de Novo Circo de Nigrán, Finestra Nou Circ Festival) y toda la rama de circo social, de la que parecía más orgulloso. En 2013 crean el proyecto Finestra Inclusiva, donde se formaba en técnicas circenses a niños en riesgo de exclusión social (discapacidad intelectual, enfermedad mental, inmigración, tutelados, etc). Con ellos llegaron a montar un espectáculo con el que actuaron en varios teatros y festivales. El Festival Novo Circo de Nigrán ofreció, en la pasada edición de 2015, una gala llamada "Juan Juanín" a modo de homenaje. 

Para 2015 planificaba un espectáculo junto a Alberto Vidal y Rogelio Pérez llamado Circus Band, en el que todos harían música y circo.



Sus amigos y familiares destacan de él la alegría que desprendía, su carisma, su generosidad y la capacidad de ganarse tu confianza en 5 minutos. "Una semana antes de dejarnos, Juanín estuvo en casa unos días de visita, nos reunimos mucha gente, casi parecía una despedida. Tras actuar junto a César García en un pueblo cerca, su tío, pescador, le entregó tres capachos de pescado. Dijo que era muchísimo y se dedicó a repartirlo entre los vecinos", recuerda su padre.

En lo profesional todos coinciden en su falta de miedo al trabajo, mostrando el mismo entusiasmo por cualquier proyecto, ya fuera trabajar en un bar ante veinte personas que en un teatro ante mil. Y por encima de todo su inquietud, su capacidad para involucrarse en muchos proyectos y volcarse en ellos, "es como si tuviera mucha prisa, iba de una cosa a otra, quizá porque igual él ya sabía que no tenía mucho tiempo", resume su padre.



A día de hoy, su página de Facebook permanece aún abierta, llena de los mensajes de cariño y recuerdo de todos sus conocidos. Una forma más de mantener el recuerdo de Juanín, una persona que conseguía conquistar a todo aquél con el que se cruzaba.

Como dijo en una entrevista, "Esta no es una profesión, la de clown. Es una forma de vida. Decides con 15 años dedicarte a esto y por mucho que quieras no puedes hacer otra cosa", rematando con una gran frase:  "Mis metas son ser feliz y vivir de esto, sentirme realizado y dormir con la conciencia tranquila". Juanín lo consiguió claramente y, mientras lo hacía, sacó las sonrisas de mucha gente.



Más información

Gracias a Juan Silva, a César García y a Isla Letriska por colaborar en este reportaje.

lunes, 7 de diciembre de 2015

¿En qué piensa Wilbur?

En el número 6 de la calle Fernando el Católico hay un pequeño y acogedor bar llamado "La Bruschetteria de Françoise". En él está Víctor Ortiz, más conocido como "Wilbur", junto con Carlos Such, amigo común. La idea era hacer una entrevista, pero con Wilbur no hay cabida para formatos encorsetados, su cabeza está desordenada, igual que su pelo rizado. La charla entre amigos deriva en un sin fin de anécdotas y risas. Víctor no es Wilbur, pero hay algo del personaje en él. En la distancia corta es tímido y tranquilo, pero para él es inevitable ver el lado gracioso de la vida y buscar la risa, propia y ajena. 




Víctor Ortiz nace en Alicante en 1981. A los 5 años acaba de forma casual apuntado en el club de gimnasia artística de su ciudad. “Mi padre quiso meter a mi hermano en la gimnasia, mientras le hacían las pruebas de selección, yo hacía el loco en las escaleras, al final me cogieron a mí”, recuerda Víctor. Allí es entrenado por Javier Amado “mi segundo padre, lo veía más que a mi familia” y comienza a competir. Destacó en campeonatos nacionales, sobre todo en los aparatos de suelo, salto y barra. “Era un año menor que Gervasio Deferr, coincidíamos en los campeonatos. Él y Oriol Combarros eran ya los buenos en España, los guays. Yo solía llevarme oro o plata, pero cuando competían ellos no había forma; aunque ahora me llevo muy bien con 'Uri'”.

Reconociéndose como un gimnasta más técnico que físico, recuerda la dureza de un deporte como la gimnasia: “Exige muchísimas horas a la semana, de lunes a sábado, sacrificas muchos planes, siendo adolescente es duro. Yo ahora lo recuerdo con gracia, pero he llegado a llorar, sobre todo con las sesiones de flexibilidad; contaba las horas que quedaban para la siguiente sesión, era horrible”.

Su carrera deportiva le llevaba hacia el Centro de Alto Rendimiento en Madrid a los 16 años, pero una lesión y una selección algo enrevesada truncó este camino. “Me habían escrito del CAR de Madrid, llegué a tener la maleta preparada junto a la puerta de mi casa esperando la confirmación durante unos días. Hubo un rollo un poco raro y acabaron metiendo a un cubano, el caso es que al final me quedé sin mi oportunidad y dejé de competir. No me hundí, pero fue una noticia que me jodió”, recuerda el acróbata.




Como toda su vida había girado en torno al gimnasio, Víctor siguió yendo a entrenar. Allí estaban sus amigos y podía practicar break, “por esa época tenía varios vídeos de break-dance en VHS, me encantaba. Conocí a un chico que iba al gimnasio y hacía break, empecé a practicarlo y salir a bailar. La gente flipaba conmigo porque en seguida me salían todos los movimientos y porque era mucho más joven que ellos. La base que da la gimnasia te permite aprender rápido”. Así es como comienza a fusionar las acrobacias y el break, grabándose en una pequeña cámara para luego analizarse. Es ahí cuando decide recopilar todos sus movimientos y sacar un vídeo en Youtube en 2006 llamado 'Acrobacias y acrosport', con miles de visitas (ver su canal de vídeos).



Es en esa época cuando se encuentra con 'Piti' (José Ignacio Úbeda), un malabarista de Donyet Ardit que entrenaba allí y con el que hizo buenas migas. Así conoce el circo y Piti se lo lleva a hacer bolos (actuaciones) con él. Pero mientras descubría este nuevo mundo Víctor intentaba ganarse la vida: “nunca fui un buen estudiante, era muy disperso, de hecho lo sigo siendo, me pasaba las clases dibujando”; por lo que empieza a mirar salidas laborales “trabajé un verano de carnicero en el Mercado Central, en un puesto de una prima de mi padre, fue divertido, pero creo que me pagaron en total 1000 pesetas o algo así”, recuerda entre risas. “Después acabé en una farmacia, de repartidor, me saqué la FP de auxiliar de farmacia y entregaba los pedidos con mi Kangoo, estuve así 3 años. Era la época que comenzaba a actuar con Piti y con alguna empresa de animación, llegó un momento en que no podía compaginar todo”. Entonces Víctor se dio cuenta de algo importante: “lo de la farmacia no era lo que quería ser y lo dejé; por azar descubrí una vocación, el circo, y no volví a buscar otros trabajos”.


Wilbur (D) medallista junto a Javier Amado (2ºD)


El nombre de Wilbur nace en Elche, en el festival Elx al Carrer, en uno de los bolos de Piti. “Una hora antes del espectáculo no sabíamos qué ibamos a hacer, y Piti se dio cuenta que no tenía nombre artístico. 10 minutos antes de salir a escena comencé a leerle todos los folletos y panfletos que teníamos cerca, decía un nombre y le miraba y él negaba con la cabeza. En un momento dado leí Wilbur (creo que de un equipamiento de sonido) y asintió, poco convencido. En el show dijo mi nombre un millón de veces y como había amigos viéndonos todo el mundo comenzó a llamarme así. Al final le he cogido cariño al nombre y me gusta”.

Es en esa época en la que conoce a Antonio Gómez, otro 'machaca' de gimnasio con el que congenió desde el principio. “Es mi mejor amigo, nos dedicábamos a entrenar como bestias en el gimnasio haciendo acrosport. Él siempre ha sido muy deportista y muy fuerte, de hecho me portaba a mí y en cierta forma me cuidaba, porque tenía la cabeza más cuadriculada que yo. Me ha salvado de más de una caída y de más de una pelea. Fuimos al primer campeonato de España de acrosport en Salamanca y lo ganamos”. Antonio se fue a Madrid a estudiar Ingeniería de Caminos y dejó el circo, pero la amistad permanece, “hemos compartido piso varias veces, de hecho ahora volvemos a vivir juntos”, afirma (nota: se le puede ver junto a él en esta gala del III Encuentro de Malabaristas de Alicante).




Enamorado de la sensación de libertad que transmite el circo, en contraposición con la rigidez de la gimnasia, Wilbur va aprendiendo a base de observar y de probar en escena, sin ir a cursos ni escuelas. Hacer reír era lo que más le atraía, “siempre me ha gustado hacer el tonto, a mi entrenador lo tenía frito con mis bromas. En el circo podía desarrollar mucho esa parte, la del payaso, ya que la base técnica ya la tenía de sobra”.

Cansado de la escasez de trabajo levantina, decide probar suerte en Madrid en 2008. Allí conoce a David Morales “El Capitán Maravilla” y se integra en su espectáculo Mono A Mono B. Una época difícil ya que, tras dedicar un año de preparación y montaje, jugándose los ahorros, el espectáculo sale de gira en 2010, en plena crisis. Pese a ello van a muchos festivales y triunfan, “era un show muy potente, diferente, frenético, dos locos vestidos de monos, con mucha referencia a películas y conectando muy bien en escena. Al público le encantaba, lástima que costara tanto de mover y montar, llegamos a comprar un camión para poder transportar todo”. Del Capitán Maravilla sigue aprendiendo técnica del humor y es él el que le recomienda hacer un espectáculo en solitario. Nace así “Piensa en Wilbur”, primero como número de 10 minutos para galas, luego como show de 1 hora.



Habiendo dejado Mono A y Mono B en 2014, ese año presenta de forma inesperada una gala de circo en el CircArte de Alicante, que funciona. “Después vino el EUCIMA (Encuentro Universitario de Circo de Madrid) me piden presentar su gala. Yo había actuado en 2012 allí en solitario, pero me dijeron que quería que presentara y me lancé; la sorpresa es que era en el Price y ante 900 personas. Me lo preparé con tiempo y para mí fue brutal, una gran experiencia, creo que gustó mucho”.  La multitud de galas y eventos que ha presentado posteriormente dan fe de su éxito como presentador, un papel que no tenía planeado,  “me gusta mucho, pringas y tienes responsabilidad, pero tienes mucha libertad, me encanta presentar”.



Cuando se le pregunta por aficiones fuera del circo, Víctor responde sin dudarlo, “me gustan los números de humor, sobre todo el absurdo; sigo viendo vídeos de break-dance; me relaja mucho pintar y me gustan las películas, sobre todo los thrillers y las antiguas. Los genios clásicos como Chaplin, los hermanos Marx o el Gordo y el Flaco me fascinan. Nos creemos que ahora la gente está inventando muchas cosas y hace 80 años se hacían barbaridades geniales”. Pese a que su personaje es un bailón empedernido, reconoce que le cuesta bailar en serio, “es curioso, he bailado tanto haciendo el tonto que bailar en serio me da vergüenza, aunque me guste. Eso sí, en pareja soy un desastre bailando, lo mío es más en individual, aunque siempre acabe haciendo el idiota”. Y se reconoce enamorado, pero de Flow “es mi perro, un Staffordshire Bull Terrier negro, muy social y más simple que un cubo, me encanta”.

Mirando al futuro, Víctor está planeando un nuevo show largo en solitario. “Me voy a vivir a la Sierra para crearlo allí con tranquilidad mientras continúo el show actual. Quiero centrarme más en el clown, sin tanto texto, aunque usando acrobacias mientras me permita el cuerpo. No quiero alejarme de Wilbur, que es un personaje que funciona”. Actualmente ha entrado a formar parte de Clandestino, adult cabaret, en el recién estrenado Gran Teatro Príncipe Pío de Madrid.



Antes de despedir la entrevista, Víctor reflexiona sobre el circo: “a actuar se aprende actuando y te tiene que ver gente. Soy muy lanzado pero en ocasiones es muy duro, yo me he llegado a quedar en el coche sin poder salir antes de mi primera actuación en solitario en el Retiro. Los comienzos son difíciles, eres muy malo y comes mucha mierda, pero vas aprendiendo y te acabas haciendo bastante lanzado. Es una profesión muy bonita y muy dura”.

Gracias a Carlos Such por ayudar en esta entrevista
Fotografías cedidas por Víctor "Wilbur" Ortiz

miércoles, 14 de octubre de 2015

Circo catalán en el Price

Durante dos fines de semana consecutivos de septiembre, uno de ellos coincidiendo con las sonadísimas elecciones catalanas, el Teatro Circo Price programó dos espectáculos de compañías catalanas: Rhum y Circ Pistolet.



Rhum es el proyecto único y especial de Rhum & Cía. Rhum no es otro que Enrico Jacinto Sprocani (1904 - 1953) un famoso payaso francés que acabó muriendo solo en su cama del hospital, víctima de un cáncer. Joan Montanyès "Monti" quiso hacerle un homenaje y creó, junto a Martí Torras, un espectáculo para recordar su figura. Por desgracia, Monti falleció antes de que pudiera ver la luz, también por un cáncer. Con ayuda de los familiares y amigos de Monti, Torras reescribió la obra y la adaptó para que acabara siendo un homenaje doble, a Rhum y sobre todo a Monti. Joan Montanyès no sólo fue un importante payaso, sino que fue el primer director artístico del nuevo Circo Price, de 2006 a 2008. Se convierte entonces esta obra, representada en este lugar, en un emotivísimo evento que lo que consigue es homenajear a todos los payasos.

El hilo es simple: una compañía de payasos sin trabajo a los que les sale un bolo para el día siguiente. Sólo hay un problema: falta Rhum, y es imposible de sustituir. Guillem Albà "Wilha" y Roger Julià "Giuliani" son dos augustos con más buena fe que acierto, siempre divertidísimos. Pep Pascual "Peppino", es un Harpo Marx polifónico. El carablanca Joan Arqué "Señor Arquetti" intenta poner orden en ese desastre, manteniendo bien el desagradecido papel que le toca. Por último Jordi Martínez "Señor Martínez" tiene la difícil tarea de sustituir a Rhum, idea que cada vez le va convenciendo menos.


Con la estructura tradicional de una compañía de payasos, Rhum es un espectáculo de 90 minutos en los que revisitan entradas clásicas y crean algunas nuevas con bastante acierto. El gusto por respetar la música y las canciones, médula ósea del clown, se agradece. Quizá en algún momento uno pueda pensar que la cosa se está alargando, pero es entonces cuando aparece la entrada de la cena, en la que Wilha, haciendo de camarero borrachín, está soberbio (previamente ya conquistó al público con sus muertes contemporáneas). El alegato final en defensa del payaso en la sociedad, dialogando Martínez con el propio Monti en off es un broche ideal para este gran homenaje que divierte y emociona a todas las edades. Por algo fueron reconocidos como el mejor espectáculo de payasos en los premios Zirkólika 2014.

"Mira, no sé por qué te empeñas en no volver a hacer de payaso. Ser payaso no tiene nada que ver con la palabra con la que se insultan los políticos hoy en día. Los payasos siempre hemos sido como una especie de médicos, de chamanes para la gente: les curamos del aburrimiento, de las preocupaciones ,de las tristezas.... Somos como un hermano mayor para ellos, y ellos son nuestra familia, nuestra única familia.
Y tú eres como el hermano pequeño."
Joan Montanyès, "Monti"
 
Si queréis saber más sobre Monti: Zirkólika número 37 (páginas 17 a 22)

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Incert es el espectáculo largo de la compañía Circ Pistolet. Es el caos y el orden a la vez. Un colectivo de 6 artistas en perpetuo movimiento sin un fin muy definido, pero decididos. Puro circo contemporáneo, donde la acción no cesa y siempre hay más de un foco de atención, donde el escenario se monta y desmonta por los propios artistas y donde todos parecen saber hacer de todo. En poco más de una hora da tiempo a que todos saquen sus mejores cualidades, ya sea en la contorsión (Anna Torne), los diábolos (Albert Ubach) o las verticales (Enric Petit). Todo trufado de banquinas y torres al más puro estilo XY, a cargo sobre todo de Tomàs Cardús, Rat Serra y Joan Ramón Graells. Impresionante la polivalente acróbata Rat Serra, quizá con un papel menos lucido pero que tan pronto es ágil, como portora, como se deja lanzar por los aires en el cuadrante. Las figuras de verticales de Enric Petit son de un gran nivel, aunque a veces algo desapericibidas entre la maraña de estímulos simultáneos.



Incert son 60 minutos sin descanso, todo un derroche visual y físico para un público que ya no sabe qué más le puede sorprender, dónde estará la siguiente acción. La compenetración es patente, lógico sabiendo de su  pasado formativo común en la Rogelio Rivel, respiran y disfrutan al mismo tiempo. El nivel conjunto e individual es altísimo y han sabido lucirlo y aglutinarlo de forma coherente, pese a su falta de sentido superficial. Que la mayoría del público acabara en pie no es por casualidad.


miércoles, 6 de mayo de 2015

Barolosolo, refrescante sorpresa

A veces no hay nada mejor que ir sin ninguna expectativa cuando se va a ver un espectáculo. La predisposición y el estado de ánimo afectan, y mucho, a la percepción de lo que se está observando. Cuando uno ha visto más de 50 números de circo en lo que va de año (aprox), la sombra de la saturación acecha e impide disfrutar al 100% de su gran pasión. Se descubre viendo un espectáculo y pensando en otras cosas, o distrayéndose con más facilidad, viendo con un ojo más de crítico que de espectador, y eso es terrible. Hoy no ha sucedido nada de eso. Hoy se ha estrenado en Madrid el espectáculo "O'Temps D'O", de la compañía Barolosolo. Hoy he disfrutado mucho con un espectáculo de larga duración.


Mathieu Levavasseur y William Vale (Francia, Reino Unido), crearon la compañía en 2006 tras su paso por la compañía Baro D'Evel. Tras un tiempo de investigación crean un espectáculo basado en el agua, Ile O para la versión de calle, O'Temps D'O para la de sala. Ambos tienen todo lo que necesita un payaso de verdad: son excelentes músicos, son acróbatas, son actores y son muy divertidos. 

Todo se desarrolla en un pequeño quiosco de música, donde ambos personajes se disponen a dar un recital de música. Sólo hay un pero, el quiosco hexagonal tiene 30 cm de agua dentro. A uno de los músicos nada parece importarle, jugando al augusto, y disfruta del agua. El otro no quiere mojarse, ni él ni sus instrumentos, una especie de carablanca empeñado en mantenerse seco. De esta idea primera surgen un millar de juegos, jugando con toda la estructura, con los barrotes, las luces y, por supuesto, el propio agua. Los personajes van evolucionando con el tiempo y los espectadores son muy conscientes, tienen personalidad propia y como tal reaccionan a lo que va pasando. No pretenden ser graciosos, simplemente han sabido exprimir las situaciones imposibles al absurdo máximo, lo cual es muy difícil.



Y luego está la música. Esa música que van fabricando los artistas con todos sus instrumentos: guitarra, chello, banjo, flauta, hang...Hasta el propio agua les sirve para hacer música. Esas melodías que parten de sus manos y a veces se repiten en loops o simplemente envuelven y completan todo el show. Sin ella nada se entendería.

Los 70 minutos se pasan volando, manteniendo al espectador siempre interesado por cuál será el siguiente paso, la siguiente acrobacia, la siguiente melodía. Esos minutos que pasan dejando un rosario de carcajadas inesperadas, de imágenes poéticas y de aplausos espontáneos. 



Cuando uno ve un espectáculo tan mimado y cuidado, tan bello, no puede más que reafirmar su pasión por este arte siempre sorprendente. No se lo pierdan.





Galería de fotos: http://matthias-lavigne.fr/arts-2/arts-de-la-rue/les-compagnies/barolosolo/

lunes, 29 de diciembre de 2014

Vuelven los payasos por Navidad

El pasado lunes 22 de diciembre volvió a Madrid la Gran Gala de Payasos Sin Fronteras. Es un evento ya tradicional, de pequeña escala pero con un público fiel, como un servidor. Se trata de la Gala de circo que monta todos los años esta ONG para dar a conocer su labor y ayudar a financiar sus expediciones. Esta se combina con otras que van haciendo durante el año en distintas fechas, pero esta es la más tradicional de todas, la que es fija.



No sé ya cuántos años he ido a ver esta gala, pero considero que es de las que tienen algo especial. Así como Payasos Sin Fronteras no es una ONG al uso, su gala tampoco. Todo lo baña las buenas sensaciones que transmiten las narices rojas y las sonrisas que se contagian.

Este año cambiaron de escenario, el Teatro Bellas Artes de Madrid, pero repitieron el formato de gala infantil y de adultos. En la infantil contaron con artistas como Pepe Viyuela, Amelie, Anticiclón Clown o al dúo Flash & Border. Por la noche, en la sesión de adultos, esperaba el lujoso Teatro Bellas Artes de Madrid. Un ilustre recinto que no pudo estar tan decorado de globos como los teatros de galas previas. También se echaron en falta los juegos, travesuras y risas que transmiten los voluntarios al entrar, este año menos numerosos y menos activos. Quizá fue este año, por ser un teatro tan simbólico y engalanado.



Hubo cinco actuaciones, como los años previos, cosa que hace algo corta la Gala. Abrió la noche el dúo Cirkcello (Jelen e Iciar), con su bonito número mezcla de malabares y música al cello. Jelen ha conseguido afianzar su bonito estilo con bolas, reduciendo el número de fallos. La combinación con la música de Iciar está muy bien traída, dando lugar a pequeños gags y secuencias muy atractivas de ver y escuchar. Después le tocó el turno a la maga Amelie, que es una fija de estas galas. Con su número de magia de salón, presentó varios trucos clásicos bien ejecutados, incluida su bonita entrada de luces y su final de abanico y confeti. La actuación de Eleni Anastasaki, subida a su bola de equilibrios gigante, estuvo acompañada por Pau, que le hacía de asistente pasándole los aros que ella manipulaba sobre la bola. El número en conjunto es divertido y entretenido.

El dúo Circocido (Marta Amezcua y Óscar Alba), realizaron el divertido número de Paulina y Anacleto, unos paletos intentando representar su baile tradicional, pese a los fallos de la música. El cierre lo puso Javi Javichi, veterano artista curtido en las calles, con muchísimas tablas y saber estar, siempre haciendo bromas y chascarrillos mientras actúa. Viéndole, lo de menos a veces es sus números de equilibrios o diábolos, ya que el disfrute está asegurado.

Presentó toda la gala un inspirado Wilbur. Tras varios años en el mundillo, Wilbur ha encontrado su filón como presentador, como ya demostró en la pasada Gala del EUCIMA. Tiene un repertorio de habilidades y bailes como para estar dos horas en el escenario él solo, que acompaña con un sentido del humor muy particular que engancha al espectador. Gracias a él la Gala tuvo una duración normal, y consiguió que cada entrada fuera casi tan esperada como las actuaciones.

Foto: Zafir Fotografía

Así pues, una nueva gala de Payasos Sin Fronteras que se fue. Esperemos que en la siguiente haya más información sobre la ONG en sí, que este año se echó en falta el vídeo donde comentan los viajes que han hecho y dónde han trabajado. Lo que es seguro es que estará llena de sonrisas, ilusión y gente muy feliz por haberse acercado a PSF, aunque sea una noche.

Ver vídeo en RTVE:
http://www.rtve.es/m/alacarta/videos/espana-directo/ed-payasos-sf-231214/2925094/?media=tve

 Como dicen en el vídeo: la risa es el futuro, da esperanzas.