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domingo, 30 de agosto de 2020

20 años de salsa chimichurri

 "Ponemos como fecha de inicio el 20 de agosto de 2000 porque fue la primera que reunimos un buen corro y recaudamos una gorra digna (3000 pesetas), antes solo fueron fracasos" recuerda divertida Marina Benites (Comodoro Rivadavia, Patagonia Argentina, 1981). Ella, junto a Rafa Dante Rúa (Sarmiento, Patagonia Argentina, 1979) forma la Compañía Chimirrurri, que acaba de celebrar su 20º aniversario, que se dice pronto. Y lo han hecho, cómo no, en la carretera, trabajando en un bolo


Curtidos en los espectáculos callejeros y para público familiar, ellos explican que es donde más cómodos se sienten. "Nos gusta especialmente cuando vamos a los pueblos y salen absolutamente todos de sus casas para vernos, desde la más pequeña a la abuelita más anciana". Y subrayan lo impredecible y la frescura de actuar en calle: "te acerca mucho más al público, de hecho, la actuación pasa a depender del público, haciéndolo muy diferente de un teatro".

Y es que son 20 años donde han realizado incontables actuaciones en decenas de países, y que dan para miles de anécdotas, como la de su primera actuación real en el Parque del Retiro de Madrid, que recuerda Marina: "yo tocaba un djembé (que no sabía tocar) mientras Rafa hacía un número de diábolo, así empezaba nuestro 'espectáculo'. No se paró nadie y nos fuimos a casa con las manos vacías".  O la rocambolesca historia que destaca Rafa: "Estábamos en 2002 en fiestas de Santander con nuestros amigos Tommy y Nati, nos pusimos a actuar en una calle cortada del barrio portuario. Ya teníamos un buen corro de gente cuando un conductor con claros signos de ebriedad quiso pasar por la calle, teniendo que apartarnos y llegando a atropellar una de nuestras mazas (que aún conservamos). Nos enfadamos mucho y el público nos ayudó a pararlo, yo me subí al capó con el amplificador a decirle cosas, él se puso a gritar y Marina acabó dirigiéndole un uppercut a través de la ventanilla abierta. Después se bajó y acabó viniendo la policía municipal (sus amigos, avisados por él y unos conocidos), y la policía nacional (avisada por nosotros). Al final acabamos Marina y yo en la comisaría de la policía local, sin multa eso sí, y él se fue de rositas".


 

Primeras actuaciones en El Retiro, año 2000

En este tiempo han superado dificultades como esos primeros bolos desastrosos o averías técnicas de lo más variado. También la vuelta de Rafa durante unos meses a su Argentina natal: "creía que era lo mejor para mí proyecto familiar en ese momento, pero después de un tiempo y de mucho sacrificio en el aspecto laboral decidí volver. Es increíble y admirable lo que tiene que hacer un/a artista para ganarse la vida en Sudamérica", comenta Rafa. Además han conseguido superar un reto aún más complicado: mantener la compañía pese a terminar su relación sentimental. "La verdad es que desde que no somos pareja nos llevamos mucho mejor" explica entre risas Marina. "Nosotros ya éramos grandes amigos antes, nos conocemos desde los 15 años. Llegó un momento en que nos dimos cuenta de que no funcionaba el tema pareja, pero decidimos seguir trabajando y poner por delante lo positivo que teníamos. No fue fácil, pero en el circo siempre hay un más difícil todavía".

Marina y Rafa se conocieron en la adolescencia mientras cursaban la carrera de teatro. Allí complementaron su formación con algo de acrobacia y malabares ya que "eran un recurso perfecto para el teatro callejero". Entonces Rafa sugirió ir a España, donde tenía familia lejana. "La idea original era a estudiar teatro, pero se complicó por temas económicos y de papeles". Haciendo semáforos y actuaciones de calle juntaron el dinero suficiente para los billetes de avión y aterrizaron en Madrid. "Cuando llegamos a Madrid veníamos con lo justo, y aunque buscamos trabajos varios (camareros, limpieza en oficinas, etc) en ninguna entrevista nos aceptaron, por lo que decidimos montar un espectáculo de calle", recuerda Marina. 

Así comenzaron a acudir al Parque de El Retiro, lugar donde muchos artistas se han iniciado a lo largo de décadas. Fueron unas primeras actuaciones muy precarias: "No teníamos equipo de sonido, ni micrófonos, ni escenografía ni nada, y nuestros primeros ingresos invertimos para atraer a más gente". Al final consiguieron ser independientes económicamente con solo 19 y 21 años, y eso trabajando únicamente los fines de semana. "Eso sí, a las 6 de la mañana cogíamos el primer metro para tener el mejor lugar en el Reti y nos volvíamos a casa con 5 o 6 actuaciones hechas", aclaran. 

 Rafa y Marina, en una de sus primeras actuaciones en El Retiro, año 2000

"Después de un año de trabajar a la gorra en El Retiro nos enteramos de que existía una escuela de circo en Madrid llamada Carampa. No dudamos en hacer las pruebas de ingreso y nos admitieron". Así, durante dos años se formaron en esta escuela de circo, graduándose en 2003, a la que consideran ya parte de su familia. "Nuestro paso por Carampa está lleno de aprendizajes, de recuerdos, de amigos y amigas y de mucho cariño. Desde el minuto 1 nos adoptaron y nos trataron como familia, nos ayudaron con los papeles, etc. Faltarían páginas para agradecer aquí lo suficiente todo lo que ha supuesto para nosotros Carampa". De hecho, fue gracias a estos apoyos y experiencia por lo que se asentaron en Madrid como base de operaciones durante unos años, aunque actualmente ya vivan en diferentes provincias.  


 

Preguntados por el futuro de la compañía reconocen que la situación actual llena todo de incertidumbre, sabedores de que vienen meses duros para el sector, pero, como ellos mismos refieren "no le tenemos miedo, no es la primera crisis que vivimos, que ya tenemos unos añitos". Sus ganas de continuar en la brecha no disminuyen y ambos se encuentran en proceso de creación de nuevos espectáculos unipersonales y con muchas ideas para "cocinar la siguiente receta a dúo de la Cía Chimichurri". Estamos de suerte, queda salsa para rato.



La Cía Chimichurri celebrando su XX aniversario tras su bolo del 20 de agosto
La Cía Chimichurri celebrando su XX aniversario tras su bolo del 20 de agosto

Enlaces de interés: 

jueves, 31 de julio de 2014

"El circo es el único arte verdadero". Entrevista a Vasily Protsenko

Vasyl (o Vasily) acaba de evaluar a unos aspirantes a la escuela de Carampa del año que viene. Me recibe con un saludo rápido, poco expresivo, y nos dirigimos a los camerinos. En un ambiente íntimo, entre trajes y espejos, Vasily se va encontrando más cómodo. Habla con un marcado acento del Este, conjugando de forma particular los tiempos pretéritos. Es directo, con tono firme, mueve las manos y mira fijamente, reclamando la atención a su discurso contactando físicamente con el interlocutor. Así rememora sus inicios y su formación circense en la URSS, habla de viajes, de su llegada a España, de Carampa... En definitiva, habla de circo, su vida.

Los primeros años
Vasily nació un 24 de febrero de 1959 en la pequeña ciudad de Yalta (Crimea, antigua URSS, hoy día recién anexionada a Rusia tras 22 años de pertenencia al territorio ucraniano). Pasó una buena infancia y ya en el instituto se dio cuenta que había ciertas materias que no eran lo suyo. “hay gente buena, muy buena y estúpidos, yo soy de los terceros. Me gustaba el deporte, el arte, la música, la geografía y la historia, para el resto había que concentrarse mucho”, resume Vasily.

En su ciudad había una carpa que durante los veranos acogía actuaciones circenses, cosa que la convertía en un gran atractivo para los adolescentes del lugar. Fascinados por los acróbatas y payasos, Vasily y un amigo fueron un Club de Circo formado en la Casa de la Cultura de Yalta. Allí daban clases artistas jubilados del gran Circo de Moscú, como los profesores Anatoly Mitrofanov y Raisa Dulierova. “Con 13 años comenzamos los primeros pasos con nivel profesional, partiendo siempre desde afianzar los conceptos básicos: postura, movimientos, equilibrio, etc”.

Vasily (con boina) posando junto a sus primeros profesores.
Club de Circo. Yalta, 1981

Así inició su aprendizaje en acrobacia, clown, malabares, danza, verticales y trapecio. Formaron una compañía que giraba con un espectáculo por la URSS. “Alcanzamos un gran nivel, viajábamos mucho”. Un verano pasaron nuevamente los artistas del Circo de Moscú por Yalta, y su profesor le dijo a Vasily que tenía que ser ambicioso y solicitar entrada a la Escuela. “Tenía muchas ganas, pero también me recomendó que esperase a hacer el Servicio Militar”. Aún así hizo las pruebas a los 17 años, pero fue rechazado. A los 18 fue destinado a la marina durante tres años, donde también pudo seguir actuando puntualmente.

Vasily, en equilibrio, en el Club de Circo.
Yalta, 1981.

A su vuelta a Yalta volvió al Club de Circo. “Volví a hacer las pruebas para Moscú, pero fracasé por segunda vez”. Así que se quedó en casa, vinculado al Club de Circo, pero trabajando como albañil, en el mantenimiento y los decorados de unos estudios de cine. “Ya por tercera vez intenté ingresar en la escuela en 1982. Tenía 23 años y no me admitieron porque decían que había pasado la edad máxima para cualquier disciplina, 22 años”, recuerda Vasily.

Tras una protesta y hablar con un profesor consiguió mostrar sus habilidades y ser admitido. De los cuatro años de formación, pudo hacer los dos últimos, pero examinándose de las asignaturas de primero y segundo también. “Fueron dos años muy duros, básicamente dormía en la pista y comía un bocadillo entre clase y clase”, aclara Protsenko. Durante ese tiempo, además de los conceptos básicos de las artes circenses, aprendió también variedades como claqué, pantomima, danza y a tocar el trombón. 

Vasily (derecha) en una actuación en la
Escuela de Circo de Moscú. 1982-84

“Con un compañero monté un número final de payasos y acróbatas, lo presentamos ante un jurado muy serio, que consistía en 25 autoridades políticas”. Eran años donde el circo era un arte mayor en la Unión Soviética, algo tomado muy en serio. Vasily lo explica: “estaba muy bien considerado el circo soviético en la sociedad. Había 84 circos estables en la URSS entonces, y en verano 30 más. Era una fábrica de artistas, y nos trataban muy bien. En las giras teníamos hotel para los artistas y acompañantes”. Y trata de hacer ver lo grande que era entonces el circo y esa escuela. “Era una fábrica. En Rusia había una lista enorme de artistas que no puedes imaginar, de gran nivel. Yo tuve profesores que salían en los libros de historia del circo”.

Pasaron los exámenes y en 1984 se gradúa en la Escuela Estatal de Artes Circences y Variedades de Moscú, como acróbata excéntrico y payaso. Ese mismo año ingresan en la Compañía Estatal de Circo de Moscú, con quienes trabajaría hasta 1995.

Vasily (izquierda) posando antes de su número final en la
Escuela de Circo de Moscú. 1984

Vasily (en el aire) durante el número de graduación. 1984

Con la compañía viajó por todo el mundo: Rusia, Australia, Venezuela, Paraguay, Chile, Puerto Rico, Portugal... Siempre con su número de payasos y acróbatas excéntricos, primero con un compañero y después con su mujer, Larisa. Era parte del equipo de creación de los números y uno de los principales payasos. Incluso llegó a tener un número de trapecio cómico vestido de mujer, pero tras dos caídas en el 87 y 88, se lesionó la columna cervical y decidió dejarlo y dedicarse al resto de actuaciones.

Vasily (abajo), durante una actuación en
Australia. 1993

Su llegada a España
”Cuando estábamos en Lisboa, en 1994, contactó con nosotros el Gran Circo Mundial a través de un agente, pedían payasos”. Así que Vasily fue con su mujer, Larisa, también de Yalta y con la que tenía un dúo de payasos, y fueron a Madrid durante un mes a hacer las pruebas. Mostraron su número, en el que también ofrecían malabares, equilibrios, monociclo, instrumentos musicales, etc; así que Jose María González les ofreció un contrato por un año. “Firmamos inmediatamente, ya no estaba tan a gusto en el Circo de Moscú. Se notó mucho la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la URSS. El circo y la cultura bajaron mucho, fue un desastre para todo el arte, la corrupción llegó a todas partes”, explica Vasily. “Además, Crimea pasó a ser ucraniana y yo adquirí esa nacionalidad, por lo que se complicaban los trámites para renovar mis contratos con el Circo de Moscú”. 

Vasily y Larisa durante una actuación en el
Gran Circo Mundial. 1995

Así llegaron Vasily y Larisa Protsenko por primera vez a España, con el Gran Circo Mundial, el único de aquella época con capacidad para contratar extranjeros de nivel. “Hacíamos entradas entre actos, para nosotros fue algo diferente, ya que nunca sabías cuánto tiempo tenías que estar en pista en cada entrada. Se nos daba bien y creo que gustábamos al público”, recuerda. También se extrañaba de las costumbres españolas, como la siesta. “Hubo cierto choque cultural y culinario. A mí me sorprendía mucho que la gente durmiera la siesta y que de tres a cinco no pudiera ensayar porque hacía ruido”.

Pero no todo fueron buenas experiencias. “No estábamos a gusto con algunos de los ayudantes del director del Mundial, trataban a la gente mal. Con González no hubo problemas, pero durante la gira con el Mundial yo aún no tenía el permiso de trabajo en mi poder, se lo habían quedado ellos. No podía demostrar que residía legalmente en España”. Se queja Vasily. Pero la historia tuvo un buen final: “conseguimos el contacto del Departamento de Extranjería, justo el día que acababa nuestro contrato y regularizamos nuestra situación. Tras acabar con el papeleo, como nos habíamos ido sin avisar, uno de los ayudantes estaba intentando sacar por la fuerza nuestra caravana del Circo, gritándonos”, recuerda ahora entre risas el artista.

Vasily y Larisa junto a unos niños en la primera carpa de Carampa.
Madrid, 1996

Durante su estancia en el Mundial habían hecho amistad con el malabarista Rafael de Carlos, por aquel entonces habitual de una joven Carampa (la carpa de circo de la Asociación de Malabaristas). Junto a él llegaron al recinto, a pedir un sitio para poner la caravana mientras buscaban nuevos contratos en otros circos. “Como pasaban las semanas y nos aburríamos empezamos a ayudar en el mantenimiento de la carpa, y a los pocos meses nos ofrecieron contrato para un curso con niños, así que nos quedamos hasta el día de hoy”. Actualmente sigue actuando ocasionalmente con su mujer, Larisa, con su dúo de clown clásico bajo el nombre Duo Vasilis, escuela de circo de Moscú, tarea que compagina con sus clases en Carampa.

Ser profesor
Vasily ya había comenzado a dar clases casi desde sus inicios como artista de circo. Ya en el Club de Circo ayudaba en el aprendizaje de los nuevos alumnos. Tras formarse en la Escuela de Circo de Moscú, adquirió una base muy completa en muchas disciplinas, sobre todo las clásicas. Actualmente es profesor de verticales, equilibrios y clown en la Escuela de Circo Carampa (Madrid), siempre siguiendo las directrices de la rígida escuela soviética. “Para mí los alumnos son mi proyecto vital, así mi experiencia se perpetúa, pero hay que construir la casa desde los cimientos, y edificarla con mucho trabajo hasta llegar al tejado”.

El circo en la actualidad
“Cada vez hay más interés por el circo en España, hay más nivel, más preparación y más competitividad, es una buena noticia”. Aunque para Vasily hay un gran pero: “el arte sin ayuda del gobierno es muy complicado de desarrollar, si queremos mantener el nivel necesitamos esas ayudas, y con la crisis es todo cada vez más difícil”. 

Vasily y Larisa durante una actuación en Madrid. 1998

Se muestra rotundo cuando se saca a la luz el tema del circo contemporáneo. “El circo moderno no existe, la palabra circo lo engloba todo. ¿Es el Soleil un circo moderno? No, es el circo clásico pero con otros trajes. Guy Laliberté es muy listo, quitó los animales no por el tema de derechos, sino porque moverlos es caro y complejo”. Incluso se muestra crítico con la corriente más teatral, “es muy fácil decir que eres circo contemporáneo porque actúas en vaqueros y la camiseta de la tienda de la esquina, el circo es arte, no la vida cotidiana”.


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Foto de final de curso de los alumnos de la promoción de la Escuela de Circo de Moscú. 1984.

Poco dado al trato cercano de primeras, con su estilo soviético ha conseguido ganarse el respeto de todos los que pasan por Carampa, siendo apreciado como un gran profesor, muy versátil, y un magnífico payaso. Apasionado seguidor del payaso Grock, al que considera el número uno, Vasily tiene muy claro qué es ese circo alrededor del cual gira su vida: “Es un arte, uno muy grande, el único verdadero. Un payaso no puede mentir, un equilibrista no puede equivocarse. El circo es la pista, donde hay que hacerse ver por el público, donde uno no puede esconderse”.

Gracias a los Protsenko por las fotografías

martes, 18 de diciembre de 2012

Pues no tan bien, Miliki, no tan bien

 Ahora que Campofrío saca otro estupendo spot navideño en el que ensalza el humor, me ha venido a la cabeza una ausencia en nuestras vidas y en este blog. El que protagoniza el anuncio es Fofito, que se encarga de ensalzar las virtudes de una España algo necesitada de ánimos. Bonito anuncio y bonito detalle con el payaso, justo tras un mes de ausencia de Emilio Aragón Bermúdez, Miliki.



En su momento pensé hacer un buceo por su biografía, sacar a la luz esos primeros años menos conocidos en España, en los que recorrió Cuba y después toda Sudamérica. Una suerte de homenaje a esa pieza que permanecerá durante mucho tiempo en nuestro imaginario colectivo y que es parte de todos. El caso es que en mi búsqueda de datos di con artículos que ya hacían precisamente eso, y maravillosamente bien, oiga. Como copiar está muy feo he decidido enlazaros aquellos documentos que me parecieron más interesantes, de lectura o visionado obligado para todo aquél que quiera acercarse a la vida del último de los Tres Payasos.


Un rápido vistazo a su vida ya invita a la reflexión. Es la vida del circense, la itinerancia y el nomadismo que te lleva a mil y un lugares y te hace pertenecer a todos ellos. Es la historia de su familia, incapaz de vivir sin el circo ya desde su creación. Es el trío que se acerca a la televisión y se queda durante diez años forjando nuestra cultura a base de canciones inolvidables. Es la persona de rostro tranquilo y sereno que esboza una sonrisa mientras hace reir y disfrutar a los niños con un humor sencillo, inocente y tierno. Son las ganas de seguir entregado sin importar la edad, con la energía para acometer mil y un proyectos y volcarse con la infancia. Son los homenajes muy merecidos que se fueron sucediendo en sus últimos años y el cariño que en parte se le intentó devolver tras tantos años regalándolo.



Hace ya un mes y sigue costando asimilar, es un buen momento para hacer un repaso a su vida y darse cuenta de todo lo que han significado estos tres payasos, el apellido Aragón y el nombre de Miliki.

Para hacerse una idea de cómo fueron esos primeros años de caravana, cómo se forjó el apellido Aragón y por qué se ligó al circo, nada mejor que pasarse por el blog de Ana Mª Ferrín  (Gaudí y más) que lo esboza perfectamente rememorando una antigua entrevista que da envidia de la sana. Aunque la referencia que no podéis dejar de leer es la de la página homenaje a los Payasos de la Tele que con tanto mimo ha realizado Antonio Tauset, una maravilla.

Por supuesto la prensa también le hizo su hueco entre las páginas, tirando más o menos de agencias, pero con artículos emotivos como el de Manel Fuentes para El Periódico, o el de Gregorio Belinchón para El País. Aunque la emotividad parece transmitirse a veces mejor a través del movimiento y es en la televisión donde se han visto bonitos homenajes, como el especial de Informe Semanal, o la forma de cubrir la noticia que tuvo La Sexta, con Cristina Villanueva emocionada.



Como detalles curiosos, una entrevista que hizo el propio Miliki a su hijo Emilio Aragón en los albores de La Sexta y la entrevista que le hizo Andreu Buenafuente para su antiguo programa La Cosa Nostra (TV3) en el que explica, entre otras cosas, el origen de Don Pepito y Don José. Y entre los recuerdos del pasado aparecen documentales que por desgracia no he podido encontrar al completo pero que merecen mucho la pena.




Para el final dejo el final de la película Pájaros de Papel, de su hijo Emilio Aragón y tiene este papelito y está impresionante.  


Llega el circo y con él los payasos de la tele que me hacen feliz,
que se dice pronto. Gracias Miliki.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Luke Wilson, pasión por los malabares

El pasado 3 de octubre falleció Luke Wilson (Londres, 30 de octubre de 1976), debido a un cáncer de esófago. La noticia corrió como la pólvora por internet, no sólo porque sorprende que un malabarista así de joven fallezca de pronto, si no porque, vistos los comentarios que ha escrito todo el mundo, Luke era un tipo con carisma y al que se le tenía mucho respeto.



Hoy hace justo dos meses que falleció y su página web aún sigue igual que estaba. Es una de esas cosas que hacen pensar, y los pensamientos se van desde el duelo en sí mismo hasta la herencia de una contraseña de internet. La muerte no está asumida hoy día en nuestra sociedad del "bienestar", es algo que está ahí y que seguro nos vendrá pero que apenas tenemos en la cabeza como certeza. Vendrá, no sabemos cuando, pero "sabemos" que será tarde. Por eso trastorna tanto la muerte de una persona no anciana, y más si era "famosa". El legado es otro de esos pensamientos recurrentes tras la muerte,  y, en el caso de Luke, está claro que ha dejado poso en mucha gente.

Sería su aparición desde muy joven, su implicación con los festivales y encuentros, o su vocación docente. Quizá era su aspecto físico, menudo y enjuto, o su sonrisa tímida en las actuaciones, o una mirada en las entrevistas que transmitía inteligencia y sopesamiento de las respuestas. Sin duda echaremos de menos su estilo elegante e innovador, la limpieza de sus números y sus miles de kick-ups, que convirtió en su santo y seña y que, dice, comenzó a practicar inspirado en Manuel Álvarez.



 El caso es que pese a su aparente timidez, se hizo con un nombre dentro del malabarismo.  Formado en Circus Space entre 1995-1997, decidió devolverle el favor al Malabarismo y siempre estuvo dispuesto a formar. Dió clases en varias escuelas de circo europeas, incluida la DOCH sueca, y a los más grandes malabaristas del momento. Colaboró con cientos de horas de trabajo y decenas de talleres en los diferentes encuentros de malabaristas a los que asistió. 



También fue un amante del escenario, con un buen puñado de actuaciones diferentes tanto a dúo con su pareja Ilka Licht, "LukaLuka", en grupo con los Shoebox, y en solitario. Con estas actuaciones cosechó también numerosos premios, el más importante en dicho dúo de passing, con el que alcanzaron el primer premio del Festival du Cirque de demain en 2003, que se dice pronto. Y es que esta maravilla de número se mereció eso y todos los reconocimientos necesarios:





En solitario se mostraba decidido, elegante y muy visual. Como buen mago (su otra disciplina, la que no he tenido el placer de conocer y que nunca quiso mezclar con el malabar), Luke sabía fijar el foco de atención en cada secuencia. Todos sus números daban la impresión de estar muy pensados y apenas se concedía fallos. Una pena, de verdad, que tantos de nosotros nos hayamos quedado sin verlo en directo. Al menos se aseguró de guardar algunos de sus tesoros en forma de herencia y legado audiovisual. Esta joya es de un Opening Show de la EJC de 1998, hay que verlo con ojos "noventeros" para poder apreciar mejor lo innovador que fue en cuanto a estilo y manipulaciones:




Por todas estas cosas será recordado, y por muchas más que no puedo transmitir por no haber podido conocerlo en persona, cosa que, tras leer todas las bonitas reseñas sobre él, me hubiera gustado enormemente. Os dejo con algunas de ellas, en inglés, todas llenas de afecto, como la de su amigo y compañero del blog "Circus Geeks" Arron Sparks; la reseña en el blog fakoriginals, o la de su homónimo compatriota Luke Burrage.

Para el recuerdo, un texto que leía en un tour con los Shoebox y que traduzco a continuación (de forma libre y con la ayuda de Maribel, mil gracias). Amor por los malabares:


¿Por qué hacemos malabares? Porque algo de ello nos ha infectado, ha entrado en nuestras almas y, a su manera, es parte de nosotros. Pasamos horas solos cada día, solos en gimnasios, en pistas de squash o en nuestros dormitorios, dando a los objetos un momento de aliento de vida. Siempre sólo momentaneamente, mientras intentamos recrear todas sus funciones y el espacio que nos rodea, el espacio que compartimos con los alientos y los cuerpos de otros. Cuando damos el paso para actuar y hacer malabres frente a, aunque sea, una sola persona, nosotros siempre tratamos de compartir qué es lo que nos hace hacer malabares. Si ellos pueden entender esa necesidad, si pueden compartir nuestra fascinación y deseo, habremos tenido éxito al mostrarles nuestro mundo, aunque sólo fuera momentáneamente. 

 ¿En qué se pueden comparar las duras horas de malabarismo con los ensayos de teatro, el arte y los deportes? Para nosotros, hacer malabares conlleva más integridad y humildad que eso. Estamos aquí porque queremos, ustedes están aquí porque quieren. Esto es el Shoebox Tour y esto es lo que hacemos.


Enlaces de interés:

domingo, 22 de julio de 2012

Yukki, la elevación del yoyo

Me entero con un mes de retraso, a través del recomendable blog Circus Geeks (en inglés), que ha fallecido Yukihiro Suzuki, más conocido como Yukki Yoyo. Sin conocerse aún bien el motivo (al menos en la red), sí se sabe que ocurrió el pasado 27 de junio en Alemania, donde estaba preparando una nueva gira. Ha sido leer la emotiva nota que escribe Arron Sparks y ver el vídeo que enlazaban y quedarme rápidamente prendado de este artista. La verdad es que esa es la mejor palabra para definirlo.

Nacido en Japón en 1985, aparece pronto en la escena internacional como un referente en la modalidad 2A de yo-yo (trucos con dos yo-yo a la vez), siendo muy popular en los concursos de la época y en los primeros tímidos vídeos que circulaban a través de los programas P2P y las web en HTML. En ellos se ve un chico de magnifica técnica, descaro y que pone mucha energía en cada actuación. De esa época es su mítica actuación con los ojos vendados (impresionante y también gracioso, por tener que indicarle dónde está el público).


En 2004 decide viajar miles de kilómetros y acabar en la CNAC francesa (Centre National des Arts du Cirque), donde fue aceptado y completó su formación hasta 2006, momento en el cual se hace profesional. A partir de ahí se nota la influencia francesa y aparece un artista que pretende que el yo-yo aporte algo mas que técnica. Busca la estética y se deja llevar por la danza y la expresión corporal. Así, él solo se presenta como una persona que eleva el yo-yo hasta convertirlo en medio de expresión artística. Y vaya si lo consigue, sus actuaciones tienen ritmo y belleza, que aumentan la depurada técnica que tiene sobre el objeto. Lejos quedan los frenéticos concursos donde un ojo no entrenado es incapaz de distinguir un truco de otro ni de apreciar la dificultad. Inquieto como pocos, durante su corta vida se atrevió con complejos proyectos visuales como éste con el dibujante Diament; presentar fascinantes actuaciones con el diábolo en loop como ésta de 2005, o a valientes improvisaciones a ritmo de un piano en directo. 


A partir de su paso por la escuela de circo, Yukki se embarca en una serie de giras por Europa para mostrar un espectáculo atractivo y más maduro. Ha sido  en medio de una de estas giras cuando la muerte lo ha sorprendido inesperadamente. Nos quedaremos sin saber cómo seguía su evolución del yo-yo, pero al menos sabemos que ya ha marcado un camino que pronto otros irán explorando. Mientras, disfrutaremos de los vídeos que quedan de sus múltiples actuaciones.Gracias Yukki.



(para ver la actuación completa, haz click aquí)


martes, 17 de julio de 2012

Rodney Mullen, arte en monopatín

Soy consciente de que esta entrada se aleja a primera vista del ámbito circense del que habitúo a hablar en blog, pero tras ver un documental sobre la vida de Rodney Mullen, me he sentido impulsado a escribir sobre él. A ver si logro transmitir el por qué de esta necesidad.



El monopatín no está incluído dentro de las "artes circenses" (si es que existe una lista determinada de ellas), cosa curiosa por ser el circo una etiqueta donde caben cientos de disciplinas. Quizá por su fuerza y popularidad, además de provenir de otros ámbitos y tener sus propias reglas, no ha necesitado de cobijarse bajo una carpa para obtener público. Lo cierto es que viendo vídeos y comparando los estilos, no encuentro una sola razón convincente por la que este vehículo no pueda contemplarse como espectáculo circense. Al fin y al cabo no es más que otra demostración de habilidades con el afán de superarse y entretener. Además, los vídeos de monopatines han sido una gran influencia a la hora de grabar vídeos de malabares en la era Youtube.

Todo este interés vino a raíz de una de las últimas raciones de vídeos, donde hablaba del skater español Kilian Martín, al que ya se compara con el mismísimo Rodney Mullen. Tras esto navegué a la deriva, como viene siendo habitual, hasta dar con esta biografía del mítico skater (lo siento, sólo está en inglés sin subtitular):

(ver partes 2 y 3)

Rodney Mullen (Florida, 1966) es el skater más influyente de la historia del monopatín, surgiendo ya desde jovencísimo como un revolucionario, inventando trucos que hoy son los básicos, como el el Kickflip, el Heelflip o el 360 Flip; a parte de un estilo único y genuino. No hay más que ver sus primeros vídeos, cuando sólo tenía catorce años y aparecía en los concursos de freestyle con su carácter tímido y reservado para luego asombrar a todos haciendo cosas que nadie había visto, ganando incluso a la estrella de la época, Steve Rocco. Ahí es donde se detecta a un genio, alguien capaz de coger un objeto, mirarlo, darle vueltas, investigarlo y romper con lo establecido. Esa capacidad de ver más allá de lo que se supone que debe hacer eso, ser un revolucionario.


Una persona que el mismo año en que coge una tabla por primera vez, con once años, queda tercero en un concurso local de freestyle y consigue un sponsor. El mismo que se ve desplazado con su familia a una casa rural alejada de todos sus conocidos, lo que le fuerza a entrenar solo e investigar por su cuenta, hasta moldear su estilo único y crear sus trucos. La connivencia forzada de su padre, al que no le gustaba que patinara por el riesgo que suponía, pero que tuvo que ir permitiendo que su hijo siguiera porque ganaba concursos y no incumplía la regla que le impuso: si te haces daño una vez, lo tienes que dejar (por eso en sus primeros vídeos sale siempre con rodilleras y casco). Y así, con dieciséis años se hace profesional y es acogido por el que era su ídolo de entonces, Stacy Peralta. Ahí ya gana el título "mundial" de freestyle y gana todo concurso en el que participa hasta 1990.


En los noventa, la popularidad del freestyle fue decayendo y Mullen se vió obligado a pasarse al Street Style, aunque no fuera santo de su devoción. Pronto volvió a ser un referente, incorporando y adaptando sus trucos a la nueva disciplina. Hasta la actualidad ha seguido en activo aunque ya permanece fuera de los circuitos, pero con apariciones esporádicas en vídeos oficiales y con la ilusión de seguir inventando cosas y traspasando los límites de la tabla. También ha triunfado como diseñador de piezas de monopatín en su propia compañía, World Industries (fundada junto a Steve Rocco en 1987).



Eso es lo que caracteriza a los genios, ¿no?. Ese don en algo concreto que les permite darle la vuelta y presentarlo de un modo diferente, sumando la excelencia técnica. Romper las barreras y la infatigabilidad para crear y remover todo. Una persona a la que los demás luego imitan porque ha sentado bases y crea "lo establecido" de nuevo. Un Rastelli o un Brunn del mundo malabar, personas que ellos mismos, una vez aprendido lo básico, apartan todo a un lado y crean su propio camino para que los demás lo anden, si pueden.

Espero haber sabido transmitir la admiración que me ha producido conocer más a fondo al Padrino del monopatín, Rodney "Chucho" Mullen (es apodado The Mutt). Que lo disfrutéis.



Otros enlaces: