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lunes, 19 de julio de 2021

Deloffre, un acróbata en el pelotón

Leyendo el muy recomendable Plomo en los bolsillos, de Ander Izaguirre, me he topado con una persona que merece ser mencionada en este blog. El ciclismo está plagado de historias increíbles y rocambolescas, de epopeyas agónicas y de rivalidades históricas. Sobre todo si atendemos a los primeros años de la bici, cuando se empezaba a profesionalizar y las carreras eran más una odisea para osados aventureros que un deporte como lo conocemos ahora.

El Tour de Francia es la carrera ciclista más prestigiosa del mundo, cuya primera edición tuvo lugar en 1903, nada menos que con un recorrido de más de 2400 km a realizar en solo seis etapas (es decir, una media de 400 km por etapa). Las condiciones de estos primeros ciclistas convertían las carreras en poco menos que una gesta heroica: bicicletas pesadísimas sin cambios, el estado de las carreteras de entonces, la prohibición de recibir ayuda o alimentos durante el recorrido, etc. Todo lo tenían que reparar ellos y tenían que buscarse la comida y bebida en tascas o fuentes. Es cierto que ya desde los primeros años existían equipos ciclistas que trasladaban en coche a los corredores hasta su hospedaje y les proporcionaban masajes y alimento. Luego estaban los isolés (en francés, aislados), una suerte de parias de la carrera que sobrevivían con la dieta de escasos francos que les daba la organización, sin ningún apoyo logístico y buscando algún premio aislado que les solventara su precaria economía unos meses. 

 

 


Uno de estos isolés fue Jules Deloffre (Caudry, Francia, 1885) ciclista profesional que participó en 14 ediciones del Tour entre 1908 y 1928, interrumpido durante los años de la Primera Guerra Mundial, donde combatió en la Batalla de Verdún; en la brigada ciclista, claro. Esa longevidad deportiva supuso un record de participaciones durante décadas. Acumuló un buen palmarés ya que, aunque nunca consiguió grandes títulos, sí ganó algunas etapas del Tour e incluso en la edición de 1912 ganó la clasificación de isolés. También corrió otras grandes carreras de la época como la Paris-Roubaix, la Bordeaux-Paris o la Paris-Bruxelles. 

Para aliviar las penurias que conllevaba ser ciclista profesional en aquellos años, Deloffre ofrecía un show al finalizar cada etapa, en la misma línea de meta, tras cientos de kilómetros y sin quitarse los tubulares: realizaba diferentes volteretas y acrobacias, como la vertical sobre una silla, y finalizaba con un salto mortal hacia atrás, ante un corrillo de maravillados espectadores, a los cuales luego pasaba la gorra, ganándose así un jugoso sobresueldo y el apodo de “El Acróbata”.  De hecho, esta prima extra que recibía sería una de las motivaciones para participar en sus últimos Tour, cuando ya tenía entre 38 y 43 años y no disponía de las condiciones físicas para finalizar la prueba.


 Deloffre, en Estrasburgo, tras acabar una etapa de 371 km en 16 horas, 10 minutos y 18 segundos
(Le Miroir des Sports, 1921, nº56)

 

Como relata Michel Duino en su libro Esto es el Tour de Francia (1955):

A cada llegada, realizaba saltos mortales para los asombrados espectadores. 

¡Inaudito! -exclamaban los presentes-. Ser capaz de eso después de 300 km en las piernas, verdaderamente ¡es mejor que el circo!. 

Luego, Deloffre pasaba junto a "su" audiencia, gorra en mano, y agradecía las aportaciones mientras cantaba "Le Petit Quinquin" o un estribillo de moda como: "Dolorosa es la mujer del dolor ...". Cuando no quería hacer acrobacias, con un sombrero de copa, vendía postales con su imagen. Para muchos franceses, el Tour era él ...”.

 

Posteriormente siguió muy ligado al ciclismo, regentó una tienda de bicicletas llamada Au Tour de France y participaba a las carreras cicloturistas de su zona. Fue, de hecho, en el trayecto a una de ellas, cuando sufrió un atropello mientras se desplazaba en su bicicleta y acabó falleciendo a causa de las heridas sufridas. Tenía 78 años y fue muy cerca de su ciudad natal, donde actualmente tiene una calle en su honor.

No he conseguido averiguar el origen de esta afición de Deloffre por las acrobacias circenses, si fueron motivadas por alguna experiencia en un circo o por simple diversión. Lo bueno es que se conservan algunas fotografías de estas maravillosas actuaciones y queda la imaginación para completar el resto del show.

 


 

Para saber más de Deloffre:

lunes, 2 de noviembre de 2020

El libro que viaja por la historia del malabarismo

El malabarismo lleva con nosotros desde los inicios de la Historia. Al ser humano siempre le ha fascinado eso de desafiar la gravedad lanzando cosas al aire para luego recogerlas. Manipular objetos a base de técnica y habilidad para que realicen movimientos aparentemente imposibles, simplemente por ocio o para entretener a otros, incluso en forma de juegos o rituales; todo eso forma parte de nuestra cultura ya desde la Antigüedad.

Portada del libro
Como le ha ocurrido a otras artes escénicas, el malabarismo parece haber surgido en diferentes culturas de la Antigüedad  de forma independiente. También como le ocurre a la música o la danza, es difícil encontrar registros de esos primeros malabares. Esto es lo que motivó a Thom Wall, malabarista profesional, a escribir un libro de historia del malabarismo: "Juggling: from Antiquity to Middle Ages. The forgotten history of throwing and catching" [Malabarismo, desde la Antigüedad a la Edad Media. La historia olvidada de lanzar y recoger] autopublicado por su propia firma, Modern Vaudeville Press.


Thom Wall


No es el primer libro de esta temática, pero como apunta su autor "hay muchos escritos maravillosos acerca de historia del malabarismo, pero muy pocos con un estilo académico (...), quería ver un libro que informase sobre sus fuentes y que citase los textos originales siempre que fuera posible". Así, este libro es un precioso buceo en múltiples referencias, de las que Wall ha conseguido un texto riguroso y completo, sin perder la capacidad de entretener. Quizá en algunas páginas, el exceso de notas al pie distraen del texto principal, pero el hilo se mantiene sin problemas, ya que es fluido y lleno de curiosidades; además de contar con preciosas ilustraciones y fotografías de diferentes hallazgos arqueológicos.

Juggling, from Antiquity to Middle Ages, es un divertido viaje por países, por épocas. Desde el Antiguo Egipto y sus ya famosas malabaristas profesionales de la tumba nº 15 de Beni Hasan, a los juegos para niñas de la isla de Tonga y otras zonas del Pacífico Sur; pasando por los edictos del rey Alfonso X de Castilla sobre la regulación de los juglares o los antipodistas aztecas actuando ante el Papa Clemente VII en el siglo XVI.

También reserva un espacio al final del libro para, aprovechando su faceta de lingüista, realizar unas reflexiones acerca de la propia definición de la palabra "juggling"[malabarismo] a lo largo del tiempo y sus orígenes.

Antipodistas aztecas

Es, por tanto, un libro ideal no solo para malabaristas o cirqueros, sino para cualquiera con curiosidad sobre la historia, en especial de aquellos hechos que en ocasiones pasan más desapercibidos en los textos cotidianos. A través de este libro aprendemos sobre leyendas y juegos antiguos, fantaseamos con grandes artistas y actuaciones que nunca podremos ver y que nos hacen dudar sobre esa tan manida sentencia que a veces afirma "esto nunca se ha hecho antes".

Malabarista y músico en iconografía de manuscrito de 1260 "ADD MS 62925 - British Library"




Imágenes cedidas por Thom Wall

Actualización 31 de octubre de 2020: 
Ya está disponible la versión en español traducida por Ximo Sanç i Silvestre y Andrés Aguilar Larrondo. A partir de ahora todos los hispanohablantes podremos disfrutar de Malabares desde la Antigüedad hasta la Edad Media, la historia olvidada de lanzar y cachar, disponible también en Amazon y en la web del autor. 



Es de agradecer que Thom Wall se haya tomado la molestia de traducir su libro al español, algo muy poco frecuente en la literatura circense. 

 
Otros enlaces de interés:
PD: personalmente me ha hecho ilusión descubrir que Thom ha utilizado en el libro una definición de malabarismo que le grabé a Kris Kremo en esta entrevista

domingo, 24 de noviembre de 2019

La estrella de Francis Brunn

El pasado 15 de noviembre uno de los mejores malabaristas de la historia hubiera cumplido 97 años. Se trata de Francis Brunn y es una visita obligada para cualquiera que practique malabares o quiera conocer un poco de la historia del circo. Marcó una época y fue imitado por muchos malabaristas posteriores, sobre todo su famoso truco final. Falleció en 2004, debido a complicaciones de una cirugía cardiaca, cuando se encontraba aún en activo. Mucha gente conoce su historia o, al menos su impactante número, lo que poca gente conoce es que existe una estrella en el firmamento con su nombre.




Nació en Aschaffenburg, cerca de Frankfurt, Alemania. Tras aprender lo básico de malabares y acrobacias gracias a su padre, saltador de trampolín, asistió a la Escuela de Artes Escénicas de Berlín donde apredió más acrobacias. Entusiasmado tras ver a un malabarista en directo (Angelo Picinelli) y por lo que leía del gran Rastelli, comenzó a progresar en malabares de forma autodidacta. A los 17 años se enroló en un espectáculo junto a su hermana Lottie, tres años menor que él y también una magnífica malabarista. Pronto destacó en los escenarios, siendo rápidamente comparado con su admirado Rastelli. Su velocidad era endiablada y llegaba a lanzar en escena 10 aros, combinado con una gran capacidad gimnástica y realizando trucos con los pies, desarrollados de su afición al fútbol.



Su talento no pasó desapercibido para los empresarios y, tras muchos problemas burocráticos por la Guerra, en 1948 viajó a EEUU junto a su hermana para trabajar para el famoso circo Ringling Brothers, con gran éxito. Allí su carrera fue meteórica, actuando en los principales escenarios del país y compartiendo escena con los mejores artistas de la época, como Frank Sinatra o Sammy Davis Jr.

Su número va evolucionando y comienza a valorar más los trucos con pocos elementos, como explica en esta entrevista: "me alejé de ese tipo de trabajo [malabares con muchos objetos] porque me sentía muy limitado (...), las posibilidades son menores. Me parece que con pocos objetos hay más variaciones posibles. A mí me fascina controlar una bola, suena a poca cosa, pero es muy difícil hacerlo bien".

 

De hecho, su número nunca dejó de cambiar, y más cuando el flamenco se cruzó en su vida; desde aquella vez en que vio a Carmen Amaya y a Antonio Ruiz en Nueva York. Quedó tan impactado que los vio muchas noches seguidas, empapándose de sus movimientos y su arte. Convencido de las similitudes entre el flamenco y el circo, fue transformando su número, primero cambiando su música por una guitarra por bulerías, luego adoptando esos gestos que le fascinaban, transformándose en un bailaor malabarista, algo único.

Francis Brunn y Juan García, 1967


No solo cambió su número, si no que en su cabeza comenzaba a gestarse un gran espectáculo, mezclando circo y flamenco. Algo único, como nunca se había visto, pero aún no podía realizarlo. Como bien explica Paul Álvarez en esta preciosa entrada, era el comienzo de Incognito, su mayor obra. Una idea que por fin, en 1997 pudo hacerse realidad cuando conoció a Torombo, un bailaor del que se había enamorado años antes. Gracias a él pudo reunir a un elenco increíble en un show irrepetible: Nathalie Enterline [su mujer y asistente desde 1980], Oleg Izossimov como acróbatas; Van Porter y Robert Reed como tapdancers, El Torombo, Farruquito [sí, Farruquito], Farruco, Jairo Barrull, José Maya, Óscar de los Reyes, La Toromba y Adela Campallo como bailaores; Raphael Brunn [hijo de Francis], Martín Chico, Raúl el Perla y Jan del Gastor, como guitarristas; y El Vareta, Pepe de Pura y María Vizcárraga como cantaores. Se estrenó en 2000 en el Tigerpalast de Berlín y realizó una corta y exitosa gira por Alemania. No pudo exportarse por lo costoso del proyecto. Una joya de la que por desgracia no queda constancia accesible en Internet. Por suerte, se conservan programas de aquél espectáculo, como este, cortesía de Paul Álvarez:







En su cabeza siempre rondaba esa idea, como se puede leer en varias entrevistas, el silencio. Quería que el público se sintiese tan abrumado por lo que estaba viendo que no pudiera aplaudir; que el espectáculo se sucediese de forma tan intensa que no dejara ese hueco para el aplauso, alargando el clímax hasta el final. Ese era su sueño: "para mí el silencio significa éxito", decía.




Esto nos da una idea de la magnificencia de este artista, obsesionado por los detalles y por el malabarismo como arte, una cabeza repleta de ideas en ebullición. Era de los que dejaban huella, y no hay más que hablar con algunas de las personas que lo conocieron para darse cuenta del profundo impacto que podía dejar a su alredor. Un ejemplo es el citado Paul Álvarez, guitarrista de su espectáculo Incógnito, que lo conoció durante años y lo describe así: "Francis fue la persona más determinante que ha pasado por mi vida. Más que un padre. Nunca me he entendido con nadie como con él. Le echo de menos todos los días". Se puede leer mucho más de su relación con Brunn en la mencionada entrada, que no puedo dejar de recomendar. 


Otra persona muy influenciada por Brunn es el malabarista Viktor Kee, que lo menta con frecuencia en entrevistas y redes sociales. Kee conoció a Brunn gracias a Oleg Izossimov, amigo común y soberbio verticalista que actuaba en Incógnito. "Tuvimos una gran conexión, hablábamos de muchos temas mientras fumábamos puros. Nunca sobre cosas general, era más sobre sensaciones en el escenario, el propósito del arte, la confianza, la filosofía de estas cosas. Conversaciones profundas y honestas. La honestidad de Francis impactaba mucho", recuerda Kee. Y prosigue, "suponía un gran impacto en mí, como un padre. Me cambió, me hizo ver qué es real y qué es falso en el arte, qué ofrecer al público, cómo comprometerse. Me hizo ver que el show no es sobre lo que tú puedes hacer, si no lo que quieres transmitir al público".

Francis Brunn, Viktor Kee, Aurelia Cats, Ernest Montego y Paul Ponce


Durante los últimos 5 años de vida de Brunn, él y Kee se vieron unas 2-3 veces al año. Este recuerda el momento en que decidieron que Francis tendría una estrella con su nombre: "Cuando se acercaba la fecha de su 80 cumpleaños, Oleg [Izossimov] me dijo que iba a ir y pensamos en hacerle un regalo. Era casi imposible regalarle nada, apenas se preocupaba por las cosas materiales, tenía incluso sus viejos útiles con los que actuaba desde hace más de 30 años y no los quería cambiar. Yo estaba entonces en EEUU y no podía asistir. Miré por Internet y vi una página en la que se podían nombrar estrellas a cambio de dinero. Nos pareció una gran idea, muy simbólica. Buscamos una estrella en la constelación Tauro, cerca del corazón de la representación del toro. La compramos y nos entregaron un certificado, que le entregó Oleg junto a Ernest Montego". Pese a que reconoce que le costó comprender el regalo, luego le hizo ilusión e incluso lo enmarcó en su casa.




La estrella de Francis Brunn
 


Dos años después fallecería de forma inesperada. Con 82 años él seguía actuando en contadas ocasiones, pese a sus múltiples operaciones y achaques, pese a sus más de 60 años de carrera. Un gran artista, una verdadera estrella, de esas que siempre serán recordadas.



Gracias a Viktor Kee, Paul Álvarez y Natalie Enterline por su colaboración desinteresada en la elaboración de este artículo.

Para saber más:

martes, 8 de octubre de 2019

Una década de malabares y tintas, parte 2

Siguiendo con el repaso a las entradas más vistas en estos 10 años del blog, pasamos ahora a los últimos cuatro años y una mención especial.

2015
En este año ya se nota que va bajando la producción, pero se aprecia que algunas entradas están muy cuidadas. Le voy cogiendo el gusto a las entrevistas y lo más visitado del año es la que le hice a Wilbur, un genial y divertidísimo artista que ha ido creciendo año a año y últimamente está muy de moda también en círculos moteros (cosas del humor).



Quiero aprovechar y hacer una pequeña mención a esto que escribí, titulado "el circo duele", y que de vez en cuando circula por ahí.

2016 
Aquí reconozco que me ha removido cuando he descubierto que lo más visitado de ese año es el artículo que hice sobre Juan Juanín, artista fallecido en diciembre de 2014. Pese a que apenas lo conocí en persona, sí teníamos muchos amigos comunes y su muerte fue un shock en la comunidad cirquera nacional. Además, hacerle una entrevista a un padre para que hable sobre su hijo fallecido es de las experiencias más intensas que he vivido a través del blog. Sigo muy agradecido a su familia y amigos por lo que me ayudaron a elaborar esta entrada.



2017
Ganadora indiscutible mi traducción del excelente texto de Thom Wall sobre Equilibrios y Malabares. A través de esta entrada pude conocer personalmente a este gran malabarista, entusiasta del circo y su difusión. Gracias a él he podido además conocer algo tan curioso como las bambalinas del Circo del Sol ¡Gracias Thom!





2018
Lo más exitoso del año fueron los bingos humorísticos que hice sobre el circo moderno y el circo clásico. Una pequeña broma íntima que se plasmó en forma de juego de beber. Siempre que sale a la luz tiene buena acogida, habrá que usarlos más.





2019
¿Y este año qué ha gustado más? Pues parece que casi en un empate la magnífica entrada de Davel Puente sobre el régimen de intermitencia de los artistas franceses; y mi entrada de despedida de Madrid, tras 15 años viviendo en esa ciudad, la cual reconozco que resultó muy emocionante de escribir.



Mención especial del jurado:  Las raciones de vídeos, he hecho más de 70 entradas en las que recopilaba lo mejor de lo que había visto ese mes. Vídeos que guardaba cuidadosamente deseando compartirlo con otros cirqueros. Pues bien, pese a lo que me gustaban y que contaban con seguidores fieles, nunca tuvieron muchas visitas (salvo alguna inexplicable excepción). Aunque esa no es la razón para dejar de hacerlas, la falta de tiempo y el hecho de que muchos malabaristas ya no cuelgan vídeos de varios minutos en Youtube, junto a la dispersión que generan Facebook e Instagram debilitan este tipo de entradas. Pero confieso que de vez en cuando sigo guardando algún vídeo que me impresiona. Sí sigo compartiendo vídeos que me gustan a través de la página de Facebook, así que aún estás a tiempo de seguirla.

domingo, 6 de octubre de 2019

Una década de malabares y tintas, parte 1

Diez años, ahí es nada. Como ya comentaba en mi habitual y reflexiva entrada de cada aniversario, el blog ha cumplido diez años. Una década que invita a echar la vista atrás, a recordar lo realizado. Hoy lo voy a hacer en forma de las entradas más vistas de cada año y alguna mención más a esas entradas a las que les tengo cariño.

2009
Sin duda el arranque fue frenético, con 24 entradas en 3 meses. Tenía muchas cosas que contar y muchas ganas. Un poco a mi pesar, la entrada más vista de esos meses es la de Récords del Malabarismo, que como ya vaticinaba en el propio texto, no es algo que me quite el sueño. Pese a no estar actualizada y que hay otras páginas dedicadas a este menester, sigue siendo de las más visitadas.

Yo, por mi parte, siempre me quedaré con la entrada que hice sobre la etimología de la palabra malabar. En ella se entrecruzan mi interés por los malabares, la historia y la lengua, una maravilla descubrir estas cosas cuando lo investigaba.



2010
El gran año, siguiendo la inercia del comienzo. 78 entradas, más de una a la semana, casi increíble pensándolo ahora. Como ya iréis viendo, muchas de mis entradas más exitosas han sido de otras personas. Lo cual me hace pensar en que, o bien elijo muy bien las colaboraciones, o bien mis contenidos no eran tan interesantes. Prefiero pensar lo primero, claro.

Y aquí, siendo casi la entrada más vista del blog, está la primera publicación de la serie de 3 capítulos que escribió Wis, Luis Hernández, titulada "Descubriendo el diábolo". Una breve enciclopedia con lo básico para iniciarse en el diábolo. Una gozada. Lástima que sea complejo estar actualizando todos los enlaces, pero sigue siendo muy útil.

Yo, por cariño, menciono a la segunda clasificada, la que hablaba sobre el Origen de las Mazas. Es un pequeño homenaje a este aparato, que parece que lleva en el circo siglos y en realidad es muy reciente. De este año también es la entrada sobre Buba, el ya fallecido malabarista ruso que tanto me fascina.



2011
Aquí gana con diferencia una entrada sobre los Beneficios del Malabarismo, en el que mencionaba los escasos artículos científicos realizados sobre esta práctica. Supongo que tiene muchas visitas por ser el típico sitio al que se llega mientras uno busca información para un trabajo de ciencias, o bien resulta que los malabaristas intentan justificar la cantidad de horas dedicadas a una afición que, en un principio, no parece servir para mucho.

2012
El blog ya contaba con 3 años, pero, cosas de las aficiones minoritarias, apenas contaba con 100 seguidores. De hecho, hice una entrada específica cuando llegué a esa cifra en Facebook, con concurso y todo, cosa que ahora me inspira ternura. Seguía produciendo contenido abundante y variado, pero curiosamente la entrada más visitada del año ha sido una sobre....¡monopatines! Sí, escribí sobre el gran Rodney Mullen y las similitudes entre lo que hacía y el circo.



2013
Aquí destaca la entrevista que le hice a Stefan Sing. Cabe decir que para mí fue la primera entrevista que hice, y recuerdo que la preparé a conciencia por tener la oportunidad de hacérsela a alguien tan importante en este mundillo como él. Recuerdo que fue muy paciente y agradecido. Una maravilla de persona y de malabarista.



2014
Reconozco que me ha hecho muchísima ilusión descubrir que la más visitada de este año es una entrevista a Pinito del Oro que escribió mi abuelo allá por los años 60 del pasado siglo. Como expliqué en otra ocasión, mi abuelo, Julio Penedo, era escritor y pintor, y realizó unos breves artículos sobre circo en una pequeña revista de la época. En el blog los rescaté y subí, a modo de pequeño homenaje.




No te pierdas la segunda parte de este repaso aquí


miércoles, 16 de enero de 2019

Mundo mágico III. Magia española

Cuando hablamos de magia española, enseguida vienen a la cabeza algunos nombres, normalmente de aquellos magos que más salen en televisión. Pero la magia española llega mucho más allá. No en vano la teoría de algunos maestros como Juan Tamariz (ya hablamos de él en la entrada previa) o Arturo de Ascanio es estudiada por magos de todo el mundo, los dos últimos "Grand Prix" del FISM (los mayores premios internacionales de magia) han sido ganados por dos magos españoles: Miguel Muñoz (2018) y Héctor Mancha (2015), además de multitud de premios menores por otros magos en otras ediciones.

Además de eso, Javi Benítez logró engañar a Penn &Teller en su programa Fool Us, muchos magos españoles son invitados regularmente a actuar y dar conferencias en El Castillo Mágico de Hollywood y la convención FFFF (a la que sólo se puede llegar por invitación); y para rematar, las Jornadas Mágicas de El Escorial, organizadas por Juan Tamariz, tienen un gran prestigio a nivel internacional. 
 Es, como podéis ver, una tradición muy fuerte en cartomagia, pero que no desmerece en otras disciplinas. La magia en España es un campo grande y fructífero y siempre es buen momento para aprender un poco más sobre él.


1) Arturo de Ascanio. Uno de los magos más influyentes en cuanto a cartomagia se refiere. Este canario en realidad no se dedicaba a la magia, sino que era abogado. Esto no le impidió estudiar la cartomagia y su psicología, ganando algunos importantes premios, y legando su sabiduría en forma de varios volúmenes. Poco dado a la aparición pública, por suerte Tamariz lo admiraba y consiguió convencerle para dejarse ver en uno de sus programas. 




2) Pepe Carroll. Otro de los grandes magos televisivos, sobre todo en los 80 y 90 del pasado siglo. El fallecimiento temprano del aragonés nos privó de más años de grandes trucos aderezados con muchísimo humor. También os dejo una curiosa entrevista en Antena 3.




3) Frakson. José Jiménez Sevilla, gran mago español que tuvo que salir para triunfar. Por suerte gente como Tamariz o Carlos Vinuesa que se han empeñado en homenajear su figura. Hay pocos vídeos de él, pero esta rutina de cigarrillo me ha parecido fascinante. También hay un pequeño documental para saber algo más de él.


4) Jorge Blass. Quizá nuestro mago más televisivo y de grandes formatos. Joven prodigio, fue el mago más joven en ingresar en la Sociedad Española de Ilusionismo con solo 13 años. Ya con 20 realizaba apariciones en televisión y participaba en festivales y espectáculos por todo el mundo. En 2006 crea, junto a Luis Piedrahíta (otro grande) el programa Nada por Aquí, en Cuatro, donde además de mostrar diferentes facetas de la magia se esforzaba por rendir tributo a los grandes del momento. También coordina el Festival Internacional de Magia que se celebra en el Price desde 2011. Resumir su carrera nos llevaría varias entradas, por lo que mejor disfrutamos de una rutina de cuerda.






5) Héctor Mancha y Miguel Muñoz. Me parecería muy feo no mencionar en esta lista a los dos últimos españoles en ganar el Grand Prix del FISM. El primero es un canario que comenzó con el pickpocketing para acabar siendo un premiadísimo mago que ganó el FISM en 2015 con esta bella rutina.  El segundo es un madrileño (y amigo) que mezcla circo -concretamente contact y manipulación de esferas- con magia, creando una rutina única que ya lleva años asombrando.









Seguro que me dejo a muchos: Daortiz, Miguel Ángel Gea, Piedrahíta, Antonio Díaz (Mago Pop), Yunke, Anthony Blake, Jaime Figueroa.... ¿Quién creéis que merece estar en la lista?


Entradas previas de esta serie:

Gracias a Guillermo López Menés por el texto de la entradilla y las sugerencias sobre magos.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Mundo mágico II. Grandes magos

Tras la introducción al mundo mágico, comenzamos con algunos de los grandes magos de la historia. Seguro que os vienen más nombres a la cabeza, pero estos son algunos de los que conocí y disfruté en mi época de coqueteo con la magia (como buen coqueteo, fue en época universitaria), centrándome en aquellos nombres de los que hay evidencia en vídeo. Siempre he considerado que a los clásicos hay que estudiarlos y respetarlos, ya que de muchos de ellos surgen los pilares sobre los que luego se ha asentado gran parte del presente.

1) Slydini. Italiano nacido Quintino Mauricci, pronto emigró a Estados Unidos, donde hizo toda su carrera. Ha sido uno de los grandes nombres de la magia de cerca y los objetos cotidianso y, gracias a su rutina de las bolas de papel, el público puede apreciar perfectamente cómo trabaja un mago la "misdirection": haciéndonos mirar donde quiere que miremos, para que así suceda lo imposible.


2) Dai Vernon. Conocido como "el profesor" o "el mago que engañó a Houdini", este canadiense nacido en el siglo XIX, se trasladó joven a Nueva York. Allí comenzó una larguísima carrera hasta su muerte a los 98 años. Sus rutinas de cubiletes y de aros chinos siguen siendo un referente de la magia. Aquí os dejo algunos trucos rápidos maravillosos, una lástima la calidad de sus vídeos.


3) René Lavand. Este argentino es de esas personas que una vez los has visto, aunque sea solo una rutina, ya no lo olvidarás jamás. No porque hiciese los trucos únicamente con su mano izquierda (perdió la derecha en un accidente cuando era niño), sino por su forma única de adornar las rutinas con sus historias, su entonación y su "no se puede hacer más lento". No es lo que hace, sino cómo lo hace, y en eso fue único.



4) Fred Kaps. Holandés nacido como Abraham Bongers, se aficionó a la magia gracias a lo que le enseñaba su peluquero en la infancia. Después combatió en la II Guerra Mundial y ya allí entretenía a las tropas con su magia. Una eminencia en la magia, es el único mago que ha ganado el Campeonato Mundial de la FISM en tres ocasiones. Creador de varias rutinas, como la de la sal infinita, a mí me ha encantado esta en que se fuma el dedo.





5) Juan Tamariz. Aunque lo iba a reservar para la próxima entrada, más centrada en magos españoles. Creo que Tamariz se merece un sitio entre los grandes. En España a veces tenemos esa manía de no valorar lo propio, como si quitándole importancia nos sintiésemos mejor. Considero que en España Tamariz no ha pasado de ser "el mago gracioso que salía por la tele y hacía lo del violín", cuando en realidad es uno de los magos más míticos, historia viva. Creador de decenas de rutinas con las cartas, teórico y divulgador como pocos y un personaje inclasificable. Todo el que pueda que vaya a verlo en directo, no lo olvidará. Os dejo con la preciosa rutina de las 6 cartas y una buenísima entrevista en Jot Down.





Más artículos de esta serie:

viernes, 23 de marzo de 2018

Cirqueras. Tercera parte

En esta tercera edición de Cirqueras, tengo el honor de que sea María Folguera, escritora y Directora Artística del Teatro Circo Price, quien escriba el texto introductorio.  Poco más que añadir al texto de Folguera, hoy no tocan vídeos, solo este texto y sus reflexiones. Pronto más ediciones de Cirqueras.

 

Hemos tenido oportunidad de pensar, en las dos entradas anteriores de Malabares en su Tinta, en imágenes de Cirqueras sobre la pista: cómo se han presentado hasta ahora los números realizados por mujeres, cómo las disciplinas y la “puesta en pista” han estado marcadas en su mayoría por cuestiones de género, cómo se introducen poco a poco las aperturas que posibilitan nuevos modelos. Me toca ahora hablar de otros territorios, aquellos que rodean el círculo iluminado por los focos.

Para las que amamos el circo, a menudo existe la tentación de colocarlo fuera del mundo, en una esfera extraordinaria y mágica donde no rigen las duras leyes de lo vulgar. Sin embargo, el circo forma parte de la sociedad y la Historia, la materia y el tiempo. Por ello convive y está atravesado por lógicas culturales. Quienes habitan el circo habitan también modelos sociales; las cirqueras no son solo cirqueras, también tienen que gestionar su relación con conceptos como familia, Estado, afecto, vida laboral, vida artística. He leído hace poco “Circus Love Story” (Ediciones Javier Sáinz, 2010), biografía novelada sobre el romance de Alfredo Codona y Lillian Leitzel, escrito por Pinito del Oro. Cristina Segura utiliza el mito de Lillian Leitzel como contrapunto del relato de su propia vida, resaltando en todo momento a la diva como símbolo de la desinhibición de los años 20, su extravagancia y libertad erótica. Llama la atención, sin embargo, la franqueza con que Pinito describe su propia represión vital, con sorprendentes digresiones íntimas pero valiosas por la sensación de urgencia y trascendencia que transmiten: “Mujeres del mundo, no dejéis pasar nunca el amor como yo hice y ahora lamento”. La sumisión al matrimonio atraviesa el libro como una irónica sombra de tristeza, algo que no sospecharíamos en la fulgurante imagen de Pinito que prevalece hasta hoy.

Vivimos una eclosión cultural de nuevos referentes de mujeres, reflexiones en torno a género y toma de conciencia. Una oportunidad para celebrar la diversidad y presencias que siempre han alimentado el circo, pero no siempre han sido reconocidas. Alguna vez me he descubierto a mí misma diciendo “Es que hay pocas directoras de compañías de circo”: esa frase forma parte de la invisibilización estructural, sería más acertado decir “Hay más directoras de las que parece, y mi manera de dar por hecho que hay pocas demuestra cuánto queda por visibilizar y reconocer”. Este año, por ejemplo, pasarán por el Price directoras de compañía como Sanae El Kamouni (Groupe Acrobatique de Tanger), Marta Gutiérrez (Acroevents, Teacro Circo), Marie Molliens (Cie Rasposo), y directoras de espectáculos como Zenaida Alcalde (“Y ahora qué?” Puntocero Company) o Charlotte Saliou (“The elephant in the room”, Cirque Le Roux). Por no hablar de directoras visitantes en años anteriores, como Shana Carroll, una de Les 7 doigts de la main. Y todos estos ejemplos me valen para abordar la autoría colaborativa, un concepto hacia el que el circo puede hacer una valiosa contribución. Porque Charlotte Saliou dirige The elephant in the room, y Sanae el Kamouni dirige el Groupe Acrobatique de Tanger; pero a su vez las propias compañías se presentan a sí mismas en clave de creación colectiva. Estos proyectos están determinados por la especificidad de cuerpos y talentos que lo conforman, y que no se entienden a sí mismos de manera cerrada e inmutable.



En este año de aniversario oficial del nacimiento del circo por parte de Philip Astley, se especula mucho en torno a Patty Astley, artista y socia. ¿Cuánto aportó Patty al proyecto de los Astley? Es imposible saberlo. Todo lo que digamos estará teñido de nuestro deseo e imaginación; la falta de información ha reducido a Patty a esposa y acompañante del “genio creador”. Esta cuestión pone de manifiesto la manera que tiene nuestra cultura de relatarse a sí misma, a través de autores y autoridades mágicas, prestigiosas, monolíticas, como tótems de piedra. Hablamos del nacimiento del circo como si un rayo hubiera caído del cielo e iluminado a Philip Astley, en una fecha concreta de un año concreto. Si lo pensamos dos veces, seguramente aceptaremos que la creación del género circense se desarrolló a través de ensayos, errores, experimentos y colaboraciones; que fue más bien un equipo abierto y cambiante quien puso en marcha -o más bien continuó adaptando pruebas protocircenses- la forma que llega hasta hoy. Esto no resta mérito a Philip Astley, que supo coordinar y potenciar aquella suma de circunstancias. Pero es importante entender que no pudo ser una tarea solitaria. Me remito a Mary Beard, que en “Mujeres y poder. Un manifiesto” (Editorial Crítica, 2018) revisa cómo nuestro imaginario del poder está marcado por la cultura del líder infalible, desde Roma hasta hoy:

“Hay que considerar el poder de forma distinta; significa separarlo del prestigio público; significa pensar de forma colaborativa, en el poder de los seguidores y no solo de los líderes; significa, sobre todo, pensar en el poder como atributo o incluso como verbo (“empoderar”), no como una propiedad. Me refiero a la capacidad de ser efectivo, de marcar la diferencia en el mundo, del derecho a ser tomado en serio, en conjunto e individualmente”.

 

Aprovechemos este momento de reflexión y celebración de las presencias de mujeres para ampliar nuestra visión de la cultura. Y del circo como clave, imagen reveladora de esta cultura.

jueves, 1 de febrero de 2018

Cirqueras, primera parte

El circo siempre ha sido un espacio donde las mujeres ha tenido una visibilidad mayor que en otras profesiones, como ocurría en otras artes escénicas. Desde las primeras jinetes que encabezaban los carteles del siglo XIX hasta la época de las grandes divas, como Pinito del Oro o Miss Mara. En épocas donde las mujeres estaban escondidas en sociedad, no estando permitido su acceso a los trabajos remunerados, había mujeres trabajando en los circos en cualquier tarea: artista, taquillera, montadora, etc, y cobrando por ello. En años donde enseñar un tobillo era un atrevimiento, las mujeres del circo exhibían trajes ajustados y largas piernas (aunque esto también fuese utilizado como "reclamo publicitario"). Por desgracia, también la mujer en el circo ha tenido un papel secundario en demasiadas ocasiones, como ayudante ligera de ropa sobre todo.

En la actualidad la presencia de las mujeres en el circo sigue siendo notoria, aunque por ahora no es suficiente. En ocasiones, resulta difícil encontrar compañías formadas por mujeres o donde éstas tengan papel protagonista. También cuesta encontrar números individuales que "rompan" con lo establecido y de un nivel artístico de primer orden, sobre todo en disciplinas "tradicionamente masculinas" como los malabares, la acrobacia en suelo, straps, etc (esto del género de las disciplinas da para otra entrada, la verdad).

La malabarista Anni Küpper ya reflexionó hace tiempo sobre esta presencia femenina. Por eso inicio esta serie de entradas de vídeos de artistas, para reivindicar su presencia y su nivel. Es necesario incluir a más mujeres en las programaciones, no como "cuota", sino porque lo merecen; es necesario que las cirqueras sean conscientes de sus posiblidades y crean en ellas mismas, es necesario que la sociedad crea en ellas de una vez.

1) Lottie Brunn. Ser la hermana de uno de los 3 mejores malabaristas de la historia debe ser complicado, pero lo cierto es que Lottie también era una excelente malabarista de nivel altísimo, jugando a una velocidad endiablada, que actuó por todo el mundo y compartió escenario muchos años con su hermano Francis.




2) Violeta Kiss. Otra gran artista que quedó a la sombra de su hermano. Alexander Kiss es una leyenda por su nivel técnico con los malabares puros, pero sus dúos con su hermana y los antipodismos de Violeta también hacen que la sitúan a un grandísimo nivel. Después fue profesora de malabares en la prestigiosa escuela de Moscú, enseñando a artistas como Ignatov.



3) Lillian Leitzel. Una de las primeras grandes estrellas en EEUU, principal atracción del Circo Ringling en los años 20 del pasado siglo. De pequeño tamaño y fuerte carácter, sus actuaciones eran una exhibición de fuerza en las anillas, la cuerda o el trapecio. Falleció a los 39 años tras una caída. (para ver otro vídeo más largo pulsa aquí)



4) Trixie Firschke. Húngara proveniente de familia circense, llegó a EEUU a los 18 años y pronto se convirtió en una estrella, llegando a compartir pantalla con Fred Astaire. Impresionante la facilidad con la que juega con 6 platos y toda su rutina de equilibrios en el mouthstick.


5) Pinito del Oro. Una de las más grandes artistas españolas de la historia y que falleció el pasado octubre a los 85 años. Llegó a ser una estrella de fama mundial y la protagonista de los principales circos americanos. Sigue impresionando su rutina en el trapecio (sin red), por lo arriesgada y lo técnica que era.




6) Miss Mara. La otra gran trapecista española, coetánea de Pinito y, en cierto modo, rivales. También su historia está llena de triunfos y terribles caídas de las que regresaba airosa. Su actuación hoy día sería tachada de "suicida", pero sigue siendo una maravilla.



7) Consuelo Reyes. Otro reconocimiento a otra artista española. Hija del mítico verticalista Tito Reyes, Consuelo debutó como antipodista en 1977 y ya no se bajó de los escenarios hasta (que yo sepa) 2010. Más de 40 años triunfando, que se dice pronto. Su hija, Selyna Bogino, sigue sus pasos y también tiene un nivel espectacular de antipodismo (hablaremos de ella en próximas entregas).





Pronto más cirqueras, pero no mejores, porque eso es imposible.

Gracias a Carlos Such por la recopilación de nombres y a Raquel Tello por su ayuda con el texto.

viernes, 6 de octubre de 2017

Cuando la revolución llegó del Nórdico

Hace pocos días, el malabarista finlandés Sakari Männistö "Saku" ha publicado en su canal de Youtube la serie Juggledoll. Son 23 sketches de malabarismo interrumpidos por una simpática jirafa de peluche. Se trata, en conjunto, de un vídeo lanzado en 2006 en formato VHS, englobado dentro de Peapot, un colectivo que revolucionó los malabares de la época a base de vídeos. Uno no sólo alucina al ver el nivelazo técnico de Männistö, si no que también se asombra por la variedad de trucos que muestra. Son trucos de mucha investigación personal, que van más allá de lo que se veía por aquellos días y que nos revelan a una persona que es capaz de observar los malabares con otros ojos. Aquí os dejo el primer vídeo y la lista de reproducción con toda la recopilación de Juggledoll.




En aquella época uno sólo podía ver lo que hacían otros malabaristas de pocas formas: si entrenando en un punto de reunión (si existía en tu ciudad), yendo a ver espectáculos, asistiendo a encuentros y convenciones o viendo alguno de los escasísimos vídeos que circulaban. Entonces esos vídeos eran más bien poco variados: de malabaristas americanos (producidos por la IJA) con su monotemático estilo, de alguno de los grandes como el joven Gatto, educativos simplones o vídeos piratas de espectáculos grabados con pulso de anciano desde la última fila (algunos de esos se están rescatando también por Youtube). Hubo una pequeña pero relevante excepción, los vídeos Caught Clean (1996), inspirados y realizados por skaters, protagonizados entonces por un frenético Sean McKinney (D.E.P.). Por suerte también se han liberado para el disfrute general:



En Peapot se juntaron una serie de malabaristas finlandeses y algún amigo invitado allá por 1999 y 2000. Gente como Maksim Komaro, Ville Walo, Nakkinen o el mismo Saku, con Jay Gilligan como invitado estrella, decidieron hacer unos divertidos vídeos temáticos de malabares puros. No eran actuaciones ni entrenamientos, eran ellos mostrando los trucos que habían investigado, ya fuera en la calle o en extraños escenarios, todos con toques de humor. Muestran además una curiosa querencia por los patrones repetitivos y tienen además el detalle de escribir el nombre del artista en el que se inspiraron para hacer algunos trucos.

Tienen vídeos dedicados a los aros, como "Cooking Fat"; a los malabares de rebote, "The Big Bouncer Show"; de mazas, "Radical Club News" o a trucos que implicasen la cabeza como "Headache".  Hay uno especialmente llamativo: 3b Different Ways (3 pelotas en diferentes formas), donde sacan más de 45 minutos de patrones diferentes de 3 bolas, dejando constancia de lo infinito que es el universo malabar.



Eran un grupo de jóvenes que mostraban los malabares en estado puro, sin accesorios. Demostrando que uno podía divertirse enormemente investigando patrones. Uno ya no tenía por qué dedicarse al circo para hacer malabares a alto nivel, ni tenía que repetir una y otra vez las rutinas que se estaban haciendo desde hacía décadas. Este grupo de gente estaba investigando los malabares sólo por el placer de hacerlo, por ver a dónde les llevaba. Esto abrió la vía de lo que Jay Gilligan describió como el "estilo nórdico", donde se conjugaba un gran nivel técnico con muchas horas de investigación. Era (y es) un malabarismo menos corporal y expresivo que el francés, pero igualmente revolucionario. Hoy en día alguno de sus trucos puede seguir pareciendo raro o que no va a ir más allá, pero otros claramente siguen siendo modernos y muy originales. No en vano, ellos hicieron populares los "legos" con mazas.


Somos afortunados de que hayan decidido publicar todo este trabajo de forma abierta y que así todos lo podamos disfrutar. Larga vida a Peapot y al malabarismo nórdico, que sigue teniendo su estilo propio.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Fallece Picaso Junior

La pasada madrugada del 25 de septiembre se produjo un trágico suceso para el mundo del circo, el malabarista madrileño Franciso Tébar Honrubia, alias "Picaso Junior", falleció en su domicilio por un infarto. Nos deja así, a los 47 años, uno de los malabaristas españoles con mayor repercusión internacional, uno de los grandes.

Nacido en 1969 en Madrid, hijo de Francisco Tébar Picazo "El Gran Picaso". Éste, un músico nacido en Valencia, fue un artista autodidacta que inició su carrera como trompetista en el Circus Knie y acabó como uno de los grandes malabaristas de su época. Popularizó (algunos dicen que incluso inventó) la rutina de malabares con pelotas de pingpong lanzadas con la boca y también el lanzamiento de platos voladores (más tarde conocidos como frisbees). Gracias a estas habilidades actuó en los principales circos europeos y americanos.

Enseñó a su hijo a hacer malabares desde muy pequeño, pero no parecía muy interesado en los escenarios. Así, llega a cursar la carrera de Económicas en Valencia, donde conoce a la que sería su esposa. Tras finalizar sus estudios, durante el servicio militar en Melilla, retoma los malabares y comienza a entrenar a espaldas de su madre. Realiza una prueba en el Magic Circus del empresario Arturo Segura en 1993 y es contratado. Compaginó entonces un riguroso entrenamiento de malabares con su trabajo como en los campos de naranjos que su padre, ya retirado, había ido comprando durante su vida. En 1996 actúa junto con su padre en el Benidorm Palace, lo que sin duda representa el paso de un legado.


Como se puede apreciar, Picaso Jr. fue claramente influenciado por el estilo de su padre, aunque consiguió superarle en varios aspectos. Mejoró la rutina de pelotas de pingpong lanzadas con la boca, llegando incluso a batir un récord Guiness (el de más lanzamientos con cuatro bolas); también hizo más dinámica la parte de los platos voladores, arriesgando entre los espectadores. Añadió algo de su cosecha, una primera parte de su número en el que golpeaba varias pelotas de pingpong con una pala de madera, llegando a mantener hasta cuatro a la vez. Aquí vemos su actuación en el prestigioso Circus Krone de Múnich.


Para situar un poco mejor su alcance como artista, toca repasar algunos de sus logros: con 24 años, en 1997 participa en el Festival Mondial du Cirque de Demain, logrando la medalla de bronce. En 1998 participa en el Festival de Circo de Budapest, lo que le sirvió para realizar una gira de dos años con el circo americano Ringling & Barnum. En 2002 logra el Clown de plata del Festival Internacional de Circo de Montecarlo y en 2007 le fue otorgado el Premio Nacional de Circo del INAEM. Además, actuó en los principales circos y escenarios del mundo: Circus Krone, Circus Knie, Big Apple Circus, Tiger Palas, Wintergarten, Cirque d'Hiver y un largo etcétera.

Hemos perdido, por tanto, a uno de los grandes artistas españoles, reconocido como uno de los mejores malabaristas del mundo. Una leyenda del malabarismo.



Más información

jueves, 10 de agosto de 2017

Beber de la historia

"Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetir sus errores". Esta frase, o alguna de sus variantes, es atribuida a múltiples personalidades. No por ello deja de ser cierta, y además se puede aplicar a casi cualquier ámbito. Siempre me ha interesado mucho la historia, me parece esencial para conocer el presente, aunque no he podido estudiarla todo lo que me gustaría.

En el circo la historia es breve, curiosamente. Pese a que las artes circenses son milenarias, hay muy poco escrito, y no digamos documentos gráficos. Nunca fue un "arte mayor", por lo tanto queda escasa constancia en los antiguos textos. Avanzando en el tiempo, ni siquiera en el siglo XIX y primeras décadas del XX es fácil conseguir información sobre el circo. De los primeros "espectáculos modernos" apenas nos han llegado algunos carteles de la época, breves reseñas en periódicos o pequeños clips de los primeros cinematógrafos. De algunos malabaristas históricos como Cinquevalli no tenemos más que algunas fotografías y las descripciones de sus proezas, el resto nos toca imaginarlo. De otros como Rastelli, por suerte, hay algunos vídeos maravillosos, que rápido saben a poco.


Incluso de épocas como los 50 y 60 del siglo XX, los años dorados del circo como espectáculo de masas, hay poca evidencia. Sí, de estas décadas ya tenemos un buen repertorio de nombres importantes, fotografías, vídeos, películas, noticias, etc. Libros, por desgracia, muy pocos. No es la escritura el medio por el que se ha transmitido la historia circense, parece algo más de tradición oral. Las familias circenses no se han prodigado por su prosa y por tanto el listado de libros de historia del circo no creo que pase de los 100 nombres, eso tomando varios idiomas, claro. Hoy en día, en español, sigue habiendo muy poquitos títulos, con las excepciones de los libros de Eguizábal o Javier Sáinz, cada uno en su ámbito, y las escasas traducciones de libros extranjeros.

Quizá sea ese uno de los motivos por el que tengo la impresión de que inclusive entre los propios artistas de circo hay un desconocimiento de dónde venimos. Esto no deja de ser grave ya que, como indica la frase inicial, esto conlleva tropezar varias veces con la misma piedra. Si un artista rebusca en el pasado aprenderá que hay trucos y rutinas que siempre funcionan en escena, o que eso tan original que se le ha ocurrido ya se hacía 80 años atrás y en doble altura. Hay que levantar una ceja de escepticismo cuando alguien presenta "algo nuevo y original" en escena, seguramente desconozca la Historia. O aquellos que proclaman récords mundiales cuando hay dibujos de la Edad Media de malabaristas con 6 objetos.

Porque, ¿qué trucos estaría haciendo este malabarista romano (estatuilla del siglo I a.C.) que maneja una de las bolas en la rodilla y la otra en la cabeza? ¿O el otro que tiene siete bolas alrededor? ¿O las cortesanas egipcias del 2000 a.C? Toca, de nuevo, imaginar.



 


Hay que beber de la Historia para poder entender el presente y mirar al futuro, también en el circo.