Mientras el verano da sus últimos coletazos, la agenda circense se abre paso para hacer más llevadero el mal tiempo que se avecina. Atentos porque hay mucho y bueno.
16 al 18 de septiembre. Reperkusión 2011, Ourense. Festival de música con mucho ambiente circense. Pasacalles, campeonatos, olimpiadas, espectáculos callejeros y mucho más. Aún estamos a tiempo. www.reperkusion.com
21 al 24 de septiembre. Encuentro de malabaristas de Matavenero 2011. Parece que la ecoaldea leonesa quedó satisfecha con el éxito del encuentro del año pasado y han ampliado su encuentro. Toda la información: www.matavenero.org
21 de septiembre al 2 de octubre. Proyecto CRECE, v 20.11. en el Teatro Circo Price. Cuarta edición de este proyecto de creación de circo contemporáneo organizado por Carampa y el Price. Bajo la dirección de Roberto Oliván, 15 artistas de distintos lugares del mundo se reúnen para componer una obra única. Siempre recomendable. Info y venta de entradas: www.teatrocircoprice.es
30 de septiembre al 2 de octubre.Malabad. IV Encuentro de Malabaristas de Badalona. Vuelve el encuentro con más aficionados al volley maza por metro cuadrado, ya consolidado como una de las citas fijas del calendario de encuentros, y encima con precio anticrisis. Espero veros por allí. Toda la info: malabad 2011.
30 de septiembre al 2 de octubre.III Circaltea. Festival de Artes Escénicas en Altea (Alicante), con muy pocas ediciones ha conseguido un gran peso nacional. Cientos de espectáculos al aire libre y una Gran Gala de Circo. Programación y novedades.
7 al 9 de octubre. Malabaria,VII Encuentro de Malabaristas de Herrera de Pisuerga (Palencia). Sin duda el encuentro más familiar y el pueblo con más malabaristas del mundo. Habrá que ir a conocerlo. Toda la info: Malabaria 2011.
A partir del 12 de noviembre.Zarkana, Cirque du Soleil. La multinacional del circo vuelve a la capital con un show en forma de ópera rock acrobática (sic), con la magia como trasfondo. Lo abultado de sus precios suele verse compensado por lo cuidado de su puesta en escena y la calidad de los números presentados. Info aquí.
Mención aparte merece la nueva edición del Festiclown, que está teniendo lugar ahora mismo. Uno de los mayores festivales de payasos de la península ha dado luz, en colaboración con Pallasos en Rebeldía, a su proyecto más ambicioso: llevar el Festiclown a Palestina. Más de dos años de preparativos y por fin es una realidad. Desde el día 1 de septiembre, con más o menos trabas por parte del Gobierno israelí (¿tendrá miedo a que se rían los palestinos?), se está llevando a cabo el festival. Una extraordinaria noticia, que arroja un poco de luz a una población oprimida y con sus derechos recortados, nada mejor que llevarles una sonrisa y una ilusión. Bravo por este tipo de iniciativas y gracias a la gente que se empeña en convertirlas en una realidad, que perduren en el tiempo. En la siguiente dirección podréis ver toda la información de este gran proyecto y la evolución del mismo.
Al resguardo del tórrido calor del julio madrileño, me reúno con Kris Kremo (París, 1951) en la cafetería del Teatro Circo Price, tres horas antes del pase del Cabaret Crazy Love. Llega puntual, enfundado en unos modernos vaqueros, un polo verde y unas gafas sin montura. Ni su vestimenta ni su forma de moverse te pueden hacer sospechar su edad. Pide un capuchino y un agua con gas. Kremo, historia viva del malabarismo, es un hombre de palabra fácil, con un marcado acento alemán, acostumbrado a las entrevistas, con un fino sentido del humor y una visión sosegada y con perspectiva de la vida; quizá ahí se nota su edad, para bien.
Pregunta. Con más de cuarenta años sobre los escenarios, ¿qué ha cambiado de tu número en solitario?
Respuesta. En solitario llevo desde febrero de 1975, pero sí, juntando todos llevo cuarenta años. La verdad es que hasta que alguien no me lo preguntó no los conté. Y cambiar, cambias muchas cosas, quitas unas, recuperas otras, depende mucho del espectáculo que quieras hacer. Creo que también debes actuar de acuerdo a tu edad; yo he quitado todos mis saltos y giros, porque me parecen ridículos, ya no soy un chico joven, no encajan.
P. ¿Y qué te motiva a seguir actuando?
R. Me encanta mi trabajo, es una profesión muy divertida, por eso sigo practicando unas dos horas al día, aunque ya dejo que sea la gente joven la que haga cosas nuevas. Por ejemplo, hace 10 años, en una entrevista, me preguntaban sobre el récord que batí en 1977 [triple pirueta con tres cajas de puros], que nadie lo había superado. ¿Por qué iba a estar yo interesado en batir mi propio récord?, yo no lo busqué. Respeto a gente como [Anthony] Gatto o [Albert] Lucas, que se han esforzado en batir récords, pero para mí el malabarismo es un arte y una profesión, no un deporte. Se me conoce por la rutina de puro, bolas, sombreros y cajas, pero he hecho otros proyectos. Hace poco hice, junto a mi mujer [Yelena Larkina], un dúo de una hora acompañados por una orquesta sinfónica. Es lo que sucede cuando tú te conviertes en un producto; los organizadores me llaman, Kris Kremo, y quieren mi número principal, el clásico. A veces vuelvo a un lugar donde ya he actuado, con música nueva, rutina diferente, otros objetos, etc; pero me dicen: “no, queremos tu número de siempre”.
P. ¿Por qué crees que tu rutina sigue funcionando después de tantos años, incluso entre el público malabarista?
R. No hay receta para el éxito, no puedes decir “si mezclas esto con esta música y esto otro tendrás éxito seguro”. Nunca sabes, depende de muchas cosas, y de la suerte. A mí me llegaron a decir que no les importaba lo que hiciera en escena, que les gustaba cómo actuaba, que parecía estar a gusto. Cuando comencé a actuar cada fallo era como un gran fracaso para un malabarista, por eso empecé a hacer pequeños gags con las caídas o los fallos. Eso los malabaristas clásicos de la generación anterior como [Francis] Brunn o [Rudy] Cardenas, lo odiaban, decían que un malabarista no podía hacer eso; pero al público le encantaba. Tú tienes que pensar en ser “comercial”, en tu audiencia, no sólo en batir récords.
P. Cuál es la parte que te resulta más complicada de tu rutina clásica?
R. Para mí es la parte del puro y el bombín, aunque más que dificil yo diría delicada. Son lanzamientos únicos que no debes fallar. Luego están los sombreros, que son objetos que cambian con el tiempo, se van estropeando. De mis tres sombreros, ninguno pesa exactamente lo mismo, ni tienen la misma flexibilidad ni nada. Te tienes que acostumbrar, son algo extraño, y muy caros. ¿Sabes que me cuestan 500€ cada uno?. En mi peor racha, en Alemania hace años, gasté en un mes doce sombreros. Lo único bueno es que puedo reciclarlos y usar partes de uno roto en reparar otro dañado, como un coche.
P. ¿Hay alguna actuación que te gustara especialmente, o de la que tengas muy buen recuerdo?
R. Bueno, para considerar una actuación como perfecta tienen que combinarse muchas cosas a la vez: buen show, sin fallos, con conexión con el público, cuadrado con la música, etc; y eso aún está por llegar. Una que recuerdo especialmente fue la vez que actué para la Reina Isabel II en Londres, no por actuar para ella si no porque mi padre [Bela Kremo] también estaba en Londres en otro espectáculo. Ese día vino al ensayo general y todo me estaba saliendo fatal, con muchos fallos. Mi padre no dijo nada, lo llevé al hotel y volví para actuar y salió todo bastante bien. Cuando al terminar fui al sitio donde él estaba actuando me dijo: “buen show”. Resulta que él había comprado una entrada para verme y no me había dicho nada, creo que de haber sabido que estaba él entre el público me habría puesto más nervioso. Fue muy especial.
P. ¿Te sigues poniendo nervioso antes de salir a escena?
R. Sí, por supuesto, siempre hay algo nuevo. Por ejemplo, he cometido la torpeza de venir aquí con unas cajas de puros completamente nuevas, y con la sequedad de Madrid y el aire acondicionado están muy resbaladizas, más que nunca en mi vida. He probado de todo, pero tengo un gran problema con las cajas aquí (risas). Curiosamente no me impresiona mucho actuar ante mil personas, pero sí me pongo más nervioso cuando viene un amigo o he traído un invitado, eso es lo peor. Lo curioso es que no me afecta en cuanto a fallos, si no en el “timing”, me cuesta más encontrar el ritmo en que estoy cómodo mientras actúo, unas cosas las hago más rápidas y otras más lentas, y me siento estúpido.
P. ¿Qué le pides a un número de circo para que te guste?
R. Volvemos a lo de antes, no hay receta. No es sólo que te guste, si no que lo entiendas. Cuando llevas un tiempo [en el mundo del circo], ves muchas cosas y muchas de ellas están repetidas, puede que vea un número igual a otro de hace 40 años, pero esta vez no me guste porque creo que no ha entendido la idea. A veces he visto a artistas que me imitan y copian mis trucos o gags, pero creo que no funcionan igual porque no entienden el por qué los hago, y por qué los hago en ese momento y no en otro.
P. ¿Qué malabaristas te gustan o crees que te han influenciado más?
R. Por supuesto mi padre, él fue mi único profesor. También me gustan muchos otros, aunque no es muy justo dejar a algunos fuera, Francis Brunn, Rudy Cardenas, Rudy Horn, etc. De los nuevos, bueno, ahora aparece mucha gente joven y desaparecen también rápido. Me gusta mucho Oliver Groszer, aunque ya no esté tan activo, y también Tuan Le, al que conocí en Berlín cuando estaba empezando. A veces puedes ver cómo una persona progresa tanto y saber que va a ser algo importante.
P. ¿Por qué crees que es tan importante el humor en el malabarismo y en la vida?
R. ¿Sabes? Creo que se ha perdido una figura importante en el mundo del circo, los payasos. Ya no hay tantos buenos payasos, antes eran los protagonistas. No se ofrecen risas al público, y creo que siguen haciendo falta, igual ahora más que nunca. A veces en los programas [de circo] no hay un número cómico, siendo yo a veces el único con el que la gente ríe, y lo agradecen. Yo empecé a introducir humor en Las Vegas, en 1981, porque no me gustaban nada los sombreros de copa. Es más comercial y a la gente le gusta, y a mí me permite disfrutarlo más, conectas con la gente, es muy divertido. Mira, una vez una persona del público e Berlín se me acercó tras una actuación y me dijo: “Mi mujer murió hace 1 año y esta noche, con tu show es la primera vez desde entonces que he vuelto a reir”. Estos son los pequeños logros que te hacen feliz.
P. En todos estos años habrás acumulado muchas anécdotas.
R. Haciendo esto nunca sabes lo que va a pasar, a veces un crío se ríe y se lo contagia al resto del público y se crea una atmósfera muy especial. Ayer, por ejemplo, a una mujer le sonó el teléfono durante el show, y ella comenzó a hablar mientras yo me quedé mirando riéndome en el escenario, sin música, poniendo cara como de “bueno, cuando ella acabe sigo yo”. Fue de locos, aunque nunca sabes lo que te va a pasar. ¡Una vez en EEUU un tipo subió al escenario! Yo estaba con un sombrero en la espalda y los otros en las manos, se me acercó y me preguntó dónde estaba el baño, increíble.
P. ¿Notas diferencias entre actuar en distintos países?
R. Sí, cada lugar es diferente. Ya no me preocupa mucho, pero la gente del este de Europa no entiende mi número. Una vez tras un show allí se me acercó un hombre y me dijo “tú engañas a la gente, sí, con los sombreros”. Se refería a los gags que hago cuando no me sale un truco y me pongo el sombrero con las manos rápidamente [se ríe]. O en Japón en 1971, la primera vez que fui, todas las partes que se suponen que debían hacer gracia no fueron entendidas y, sin embargo, en las partes que tenían que aplaudir se reían. La última vez que actué entendieron todos los gags, supongo que es por el cambio generacional.
P. ¿Crees que con Internet el número de malabaristas se ha incrementado, al igual que el nivel general?
R. Siempre ha habido muchos malabaristas. No pienso que el nivel haya subido tampoco. Cuando Gatto tenía ocho años hacía el mismo número que hace hoy en día, aunque todo el mundo pensara que con dieciocho él iba a jugar quince aros. Y en cuanto a los amateurs, siempre ha habido genios que no podían construir un show de diez minutos. Es muy distinto hacer algo en un encuentro o en privado que en un escenario, con la luz, el público, la música, etc. Cuando veo a un malabarista aprecio más lo fácil y mejor, no necesitas hacer algo distinto o nuevo para que sea mejor.
P. ¿Crees que estamos viviendo un nuevo auge del circo?
R. Yo creo que el circo siempre ha tenido altibajos. Se recuerdan los “buenos viejos tiempos”, pero cuando mi padre empezó en 1938, contaba que los circos estaban vacíos. Mi abuelo decía hace 55 años que el circo estaba muerto, y no parece que lo esté. En nuestro negocio hay mucha competencia: malabaristas, deportes, cantantes, conciertos, facebook, etc. Todas estas cosas no convivieron juntas antes.
P. ¿Existe un “nuevo circo”?
R. Hace unos 25 años fui a París y me dijeron: “hay dos malabaristas en el Casino actuando, ¡y lo hacen en camiseta y vaqueros!”. No se imaginaban que pudiera funcionar. Yo creo que los tiempos cambian y que los nuevos malabaristas lo saben. Ahora van a una escuela dos o tres años y luego intentan hacerse un número, probando cosas y tratando de experimentar. Me gusta cómo se integra la danza en todos los espectáculos, aunque esto ya se hiciera hace 50 años. Eso sí, a veces un número tarda dos o tres minutos en comenzar; entran en el escenario, caminan lentamente hacia el centro, aparece humo, luces bajas,etc, y varios minutos después aún no ha sucedido nada. Parece que tienen un número de cinco minutos pero necesitan alargarlo, y lo hacen de esta forma.
P. ¿Se entiende un número de malabares que no comprenda el público?
R. Me gusta ver cosas nuevas y difíficiles, pero tiene que encajar en cierto modo. A veces practicas un truco que la gente no entiende o aprecia, cuando en otras ocasiones hay trucos más sencillos que transmiten más emoción y la gente disfruta más, reaccionan a él. Sólo puedes saber cómo reaccionará el público a un determinado truco mostrándolo en escenario y escuchando a la audiencia. Además, entre el público hay múltiples opiniones y cambia con el tiempo. En los doce años que trabajé en Las Vegas, los primeros tres años me daba cuenta que a la gente no le gustaba mi rutina de tres bolas. Después de cuatro o cinco años, supongo que cambiaría la generación porque, sin cambiar la rutina notaba que gustaba más.
Kris y Bela Kremo (1970)
P. Viniendo de una familia circense, ¿alguna vez imaginaste otra profesión que no fuera en el circo?
R. No, siempre lo tuve claro, soy muy feliz como malabarista. Empecé con cinco años y he tenido altibajos, pero mi padre, mi único profesor, me hizo ver que valía para esto pero tenía que trabajarlo. Creo que su mejor consejo fue: “práctica, práctica, práctica” [se ríe]. Yo pensaba que todo el mundo elegía trabajar en algo que le gustaba, pero luego ves que mucha gente no lo hace, soy muy afortunado, no veo por qué cambiar. Tenía otros intereses, pero no me atraían tanto como para hacer de ellos un trabajo. Esta profesión también exige sacrificios, tienes que ser una persona que te guste viajar y cambiar de sitio con facilidad, no todo el mundo está dispuesto a ello. Ninguno de mis hermanos se dedica al show business, y mis hijos (de 8 y 12 años) parecen más interesados en el tenis, aunque también practican malabares de vez en cuando. Trato de no obligarles a nada y que sean ellos los que elijan.
P. ¿Te gusta actuar en España? ¿Crees que hay algo diferente aquí?
R: Hay muchas diferencias, la mentalidad, el clima...Y bueno, ahora menos porque los tiempos cambian, pero siempre me han fascinado las corridas de toros, desde que era joven. Mi madre me llevó a algunas corridas en mi infancia y he visto un montón. Me gustaban mucho, no tanto las banderillas o el picador, pero para mí siempre fue como una especie de ballet, la emoción del pase, de matar al toro. Por supuesto, con el tiempo comprendí que el pobre toro está sufriendo; sería bonito si se pudiera cambiar y no tener que matar al toro, como en Portugal. Estoy enterado de la polémica por la prohibición en Cataluña y que ya no es tan popular por aquí. Los tiempos cambian, incluso las tradiciones más arraigadas acaban cambiando.
Apurando las últimas horas del mes saco del horno esta ración de vídeos cocinada a fuego muy lento, demasiado. Tras escribir la larga crónica sobre la EJC y ver que se me quedaban muchas cosas en el tintero, me veo casi obligado a dedicar esta entrada a aquello que tanto me llamó la atención en Múnich, o a gente que creo que merece la pena seguir. Pasen, hay sitio al fondo.
1) Benjamin Beckherrn. Un futurible que causó furor, como su hermano menor. Con menos de diez años ya demuestra un dominio impresionante, que evoca al Gatto de sus primeras apariciones. Cada vez que entrenaban se les hacía un corro de gente, no os cuento cuando salieron a escena durante la Gala Made in Germany. Habrá que ver su evolución.
2) Kyle Johnson. Llevo siguiéndolo un tiempo en Youtube, y parece que no soy el único. Este californiano se ha hecho muy popular gracias a su combinación de contact y malabares. Ha hecho un recorrido por varios encuentros europeos este verano y lo está relatando en unos vídeos en su canal, que recomiendo, así como sus crónicas de la Vulcano Propbox. Algo distinto proveniente de Estados Unidos, se agradece.
3) Komei Aoki. Este japonés también tiene una legión de seguidores. Él define su estilo como Daggle, fruto de unir danza y malabares (juggle), y sus creaciones las muestra en esta actuación en la Gran Gala. Yo lo sigo desde que sacó su magnífico vídeo titulado "My Room", donde muestra su capacidad para manipular cualquier objeto siempre buscando algo diferente. Y es que una persona que es capaz de decorar así su habitación ya indica cierta sensibilidad y creatividad. No os lo perdáis.
4) Jöelle Huguenin. En un mundillo muy dominado por los hombres, al menos en lo que a "malabares clásicos" se refiere (bolas, mazas, aros), ha irrumpido con fuerza esta joven suiza de increíble técnica y con una rutina plagada de trucazos. Tiene otra buena habilidad, la de sonreir mucho durante sus actuaciones. Magnífica.
5) Wes Peden, Patrik Elmnert y Jay Gilligan. Sí, otra vez tengo que hablar de estos tres amiguetes. Han unido sus fuerzas para seguir una fe ciega, la de investigar sin pausa. Asombrosa la cantidad de secuencias que son capaces de memorizar y desechar en pocos meses. Sin duda los dos primeros, al cobijo de su gurú Gilligan, son de lo más popular entre los malabaristas, con seguidores e imitadores. En el Allstar Show se les esperaba con impaciencia y levantaron a todo el mundo. No sé qué tal lo verá el público no-malabarista, pero en estos ambientes lo están partiendo. Grandísima técnica junto a las ganas de involucrar todas las partes del cuerpo en los lanzamientos, como ya comenté sobre este vídeo de Jay y Wes. Esto es una idea cómo crean parte de lo que mostraron en la Múnich:
6) Recopilatorios y Nathan Rae. No podían faltar tras una EJC. No hay más que teclear "EJC 2011 Munich" en un buscador para que nos inunde un torrente de vídeos con mayor o menor criterio. Es la era de las cámaras en todos los rincones y las ganas de exhibirse que todo malabarista lleva dentro. Algunos suponen un gran recuerdo, la verdad. Estas son algunas de las que más me han gustado. Si queréis ver actuaciones sueltas de la EJC, Nathan Rae y su iniciativa jugglinglive.com, fueron los encargados de restransmitir en streaming los opening shows y las galas. En su canal de Youtube está subiendo muchas de estas actuaciones. ¡Que lo disfrutéis!
Y con esto prometo dejar de hablar de la EJC una temporada, ¡lo prometo!.
Tercera y última entrega de esta larga crónica de lo que fue la EJC 2011 celebrada en Múnich. Espero no haber cansado a los lectores y sí haber reflejado de forma amena lo allí vivido. Aquí viene, tras el segundo episodio, la recta final.
El jueves era el día esperado por muchos: el de la Gran Gala, al menos el primero de los tres pases. Se organizaron actividades por la ciudad, fuera del OlympiaPark, como un flashmob en la plaza de los ayuntamientos y habilitaron espacios para actuaciones callejeras, pero todo el mundo estaba expectante y el día giraba en torno a la Gala. A las 19h estábamos convocados en la entrada del maravilloso e ilustre Circus Krone (¡qué mejor sitio!), bajo la estatua de Charlie Rivel, y la Gala no defraudó, un "galón" en toda regla.
Conducida por el soso Gregor Kiock, los encargados de abrir el pastel fueron los jovencísimos Etienne y Guillaume al diábolo, demostrando el brutal despegue del diábolo en los últimos años. Combos de tres diábolos con facilidad algo ensuciados por la falta de trabajo a la hora de presentar el número y los numerosos fallos (comprensibles por lo mucho que arriesgan). La siguiente fue la joven Svetlana Zueva, con una rutina que denota suavidad, elegancia y técnica rusa. Magnífica su rutina de pies. Tras ella vino la accidentada actuación de David Weichenberger, un austriaco kamikaze del monociclo que a punto está de partirse la crisma con tal de arrancar unos aplausos. Del país alpino vino el Duo Jonglissimo, una de las grandes actuaciones de la noche. Estos dos hermanos nos muestran su perfección técnica mediante una divertida y asombrosa rutina donde uno de ellos es un robot malabarista y el otro su inventor. Magnífica coordinación de sus mazas de luz y finalazo con su passing de 12 mazas en escena.
La representación alemana no podía faltar en esta gala, para ello trajeron el bizarro número de Jan Trukenmüller aprovechando su imposible anatomía; Marcos Furtnero, que no era otro que el alter-ego latino del omnipresente Markus Furtner, repitiendo, una vez más, su número de devil stick; y los magníficos Get the Shoe (Florian y Jochen), presentando su nuevo y enérgico número, esta vez con bolas y alguna que otra sorpresa. También con una mitad germana, el dúo Solstix (Valerie y Steve) nos demuestra que el bastón -o staff- también puede llevarse a grandísimos niveles, con una coreografía plagada de belleza y técnica. Una de las notas curiosas de la noche fue la presencia, por primera vez, de un número de poi en la Gran Gala; y fue la compañía germana Loooop la encargada de este honor al presentar su vistoso y original Tango a trois.
Desde tierras lejanas venía, con la etiqueta de innovador puesta, Komei Aoki. Este nipón se ha hecho muy popular gracias a su combinación de popping y el estilo japonés de malabares con tres pelotas (mezcla a la que él denomina Daggle). Increíble como consigue que hasta sus fallos se conviertan en aplausos. También del este, aunque algo más cerca, Ucrania, vino Koblikov con su conocida rutina del marinero. Corta, peculiar, sin fallos y con un final de una cascada de diez bolas en múltiplex, casi nada. El cierre de la gala quedó a cargo de los belgas Cirq'ulation Locale, con su número Gravity Rules, que integra una cama elástica, dos andamios móviles, muchas mazas y aún más dinamismo; buen broche, sin duda.
Me falta un número de la Gala por nombrar, y es que quería hacer mención a parte por ser, quizá, el que más me gustó de toda la EJC (y eso es mucho decir). El joven David Severins nos trae desde Holanda un bellísimo número de aros donde la conjunción de técnica, elegancia, armonía, sentido, buen gusto y poesía logran un todo que representa lo que un acto de malabarismo puede llegar a ser. Os dejo con un enlace a otra actuación de esta rutina, os puedo asegurar que en directo emociona:
Alucinados por lo que acabábamos de presenciar, volvimos al Olympiahalle para ver otro evento imprescindible: el Allstar Show, un conglomerado de los triunfadores de otras EJC. El show, que comenzó a las 12 de la noche y sirvió para confirmar que todo lo que presenten Wes Peden, Patrik Elmnert y/o Jay Gilligan sigue siendo recibido con un fervor casi religioso. La verdad es que siempre presentan algo diferente, con complicadas coreografías y secuencias, implicando mucho el cuerpo y la interacción entre malabaristas, combinado con una prodigiosa técnica. También sirvió para hacer ver que Lauge Benjaminsen sin su aspecto aniñado y su pose chulesca le hace falta trabajarse más los números (llenos de piruetas) para triunfar de verdad con el público; que a Luke Burrage su amor por sí mismo le supera y nos presentó un vídeo cantado de sus múltiples viajes; que Thomas Dietz se enfadó demasiado por no poder presentar su (poco elaborado) número de luz con oscuridad completa; que Marco Paoletti se piensa mucho los números, aportándoles con éxito expresividad y rueda cyr; y que el estilo de William Lin al diábolo, lejos de la experimentación francesa, sigue siendo potente y espectacular.
Ya sólo quedaba el último día, el sábado de olimpiadas, este año curiosamente algo desangeladas (sólo unas mil personas entre participantes y público), que terminaron con una lanzada que no cerraba el encuentro. Luego estaban las competiciones de monociclo con los hermanos Pöham copando los primeros puestos de todas las disciplinas; y para rematar la última noche de fuego, con un grandísimo espectáculo abierto a cualquier ciudadano que quisiera pasar por allí e hipnotizarse con las actuaciones.
Domingo de recogida, despedidas, de echar cuentas sobre todo lo que hemos visto y aprendido y con algo de tiempo para, al fin, ver algo de la bella -y lluviosa- ciudad que acogía esta gran EJC. Enhorabuena a los organizadores y a vosotros, lectores, por haber llegado hasta aquí. El próximo año es en Lublin, Polonia, espero que nadie de vosotros se lo pierda.
Tras una introducción a lo que es una EJC como evento, quería contaros un resumen sobre lo mucho que allí aconteció. Advierto que es largo, pero prometo que podría serlo mucho más y que he tenido que hacer un buen ejercicio de síntesis ante tanto evento y tanta gente reseñables.
Al contrario que en Vitoria (2009), aquí el pasacalles fue el segundo día de encuentro, bajo una fina lluvia que no intimidó a los cientos de malabaristas que nos congregamos para ir hasta la la König Platz a ver el Opening Show. Lo presentaba por el genial Schorsch Bross, un completísimo artista, políglota, curtido en la calle, lleno de humor y habilidades diversas que sabe cómo llevar al público (si no, mirad este vídeo). De este show destacaron Marcus Furtner, uno de los organizadores, que ha hecho una buena rutina de dos devil stick pero que repitió hasta 3 veces durante toda la EJC; y Elias, un chaval de unos 15 años que para llevar sólo dos haciendo malabares mostró una gran rutian de bolas.
Los Open Stage fueron, los primeros días, el gran atractivo de cada jornada. Organizados por Luke Burrage (encantado de conocerse) y protagonizados por artistas voluntarios sin más ánimo que el de mostrar sus habilidades, largas colas esperaban desde una hora antes de que abrieran las puertas de la carpa. Y eso que el nivel no siempre fuera el esperado por un público entusiasta y entregado. Parece ser que la tendencia es el aumento de números de poi (cariocas) y los de aspecto conceptual, lentos, como ocultando la poca originalidad con aparente trascendencia. Menos mal que hubo destacadas actuaciones que salvaron más de una noche: como la de Joëlle Huguenin, una suiza de tan solo 20 años con un extraordinario talento y gran sonrisa que sin duda dará que hablar; los mejicanos Jorge y Héctor (conejo lunar), con su estilo claramente influenciado por Wes Peden; Felix Feldman (foto), un viejo conocido del EUCIMA que actuó hasta tres veces y batió un record del mundo; Asaf con sus pois; Denis Paunier, con su número de yogur y cuchara o Kyle Johnson, un americano miembro de la Vulcano Propbox y que se está volviendo muy popular gracias a su visual estilo de bodyrolls y malabares con bolas amarillas. Me dejo muchos en el tintero, pero prometo una entrada hablando de gente que me ha gustado de la EJC.
No todo fue un camino de rosas para la organización, y el segundo día les esperaba una terrible sorpresa: a los responsables del Olympiahalle no les gustó nada que hubiera gente que durmiera allí o que se dejara a secar la ropa a resguardo de los intermitentes chaparrones que nos caían. Segundo día y el núcleo del encuentro cerrado a cal y canto, no más talleres, nada de tiendas, adiós a las galas y a quedarnos con sitio para que todos entrenemos, etc. Eso es lo que yo llamo una crisis. Menos mal que al día siguiente ya habían negociado que se reabriría, aumentando la seguridad (más si cabe), con registros a las mochilas de todos y permaneciendo cerrado de 4am a 8am. He encontrado un vídeo donde ironizan sobre lo sucedido (gracias a Nathan Rae).
Olympiahalle, en una gala.
El mismo lunes de reapertura del Olypiahalle, se celebra la reunión para elegir el lugar de la EJC de 2014 y vuelve a salir Irlanda (2006), por ser los únicos interesados; y es que hay que armarse de valor para tomar el testigo de este grandísimo evento. Por la noche pudimos disfrutar de la Bavarian Night, presentada por Schorsch Bross (genial, sin repetirse) y en la que se combinaban espectáculos típicos de la zona, como danzas, zancudos, banderas tirolesas e incluso una bonita coreografía con jarra de cerveza, con espectáculos de circo como el devil stick de Marcus Furtner (again) o un número brutal de 5 chicas sobre monociclos, realmente de lo mejor de la EJC, que dejó en pie a todo el público.
El resto de días de la semana se establecía una especie de rutina que consistía en ir a entrenar al Olympiahalle, asistir a algún taller, darse una vuelta por las tiendas atestadas de hippies consumistas, volver a entrenar, embobarse mirando los entrenamientos de algún que otro bichaco, volver a la Villa, comer algo, hacer cola para el Open Stage de turno y más tarde decidir entre la gala de turno, tomar cervezas en la carpa-bar o ir a la zona de fuego hasta que nos vencía el sueño. También se podía combinar con hacer otra cola para llevar tus mazas a reparar por Henry's, que siguen con su política de hacerlo gratuitamente en las EJC (tostipunto para ellos) .
Stefan y Cristiana
El martes las colas en la carpa de espectáculos fueron aún mayores de lo habitual. La razón: Stefan Sing y Cristiana Casadio iban a presentar su celebradísimo número de 2010, Tangram, alargado a una hora. Stefan es otro de esos malabaristas que parecen marcar el rumbo a seguir en el malabarismo, especialmente empeñado en combinarlo con danza y expresión corporal. El número con Cristiana es de una belleza tremenda, una larga coreografía con pinceladas de humor sutil, con una historia de fondo y momentos realmente especiales. Pese a todo eso, creo que al alargarlo han perdido algo de la fuerza del número original y el cambio de música en ciertas secciones conocidas te ratifican en esa sensación. Aún así, el éxito fue tal que al día siguiente tuvieron que repetir la actuación ante otro graderío abarrotado y encandilado.
Aún recuperándonos del show y del posterior Open Stage, nos citaban en el Olympiahalle para ver un Fashion Show, ideado por Intrika. Se trataba de un simpático teatrillo a modo de pasarela, donde artistas de renombre daban a entender que el malabarismo no estaba reñido con el buen gusto a la hora de vestirse.
Denis Paunier
El miércoles el plato fuerte era la Gala Made in Germany, que resultó un verdadero alarde de los grandísimos artistas de circo que tienen en Alemania. Tras una introducción con un malabarista (muy bueno) de cada región alemana -Mallorca incluída-, y entre gags autoreferidos a sus tópicos más típicos, comenzó un vendaval de artistas altísimo nivel. A los mencionados Stefan Sing y Felix Feldmann, se unían numerazos de vanguardia como los de Fabian Flender, Jochen Schell (y sus peonzas), Malte Steinmetz o Mathias Römir. Difícil encontrar otro país con tanto talento dentro, aunque siendo el lugar del mundo con más encuentros de malabaristas al año empieza a entenderse todo.
Con este vídeo de un usuario algo quejica acaba el segundo capítulo, os emplazo a leer la recta final de la ECJ, donde nos esperan los tres últimos días, los platos fuertes del encuentro: la Gran Gala, el Allstar show y las olimpiadas. (click aquí)
PD: Todas las fotografías, salvo la primera, han sido realizadas por Luke Burrage, bajo licencia Creative Commons. Aquí la galería.
Con gran expectación aguardaba la llegada de mis vacaciones, no por estar cansado si no porque, de forma inesperada, me encontré con que podía acudir a la EJC (Encuentro Europeo de Malabaristas, y van 34) que se celebraba en Múnich del 6 al 14 de agosto y encima podría ir con amigos del CMU Chaminade. El día 5 de agosto me planté en el (enorme) aeropuerto de la capital bávara y tras unos amenos 50 minutos dando vueltas a las once de la noche me encontré con mis rescatadores: Jorge, Iván y Mario que me permitirían alojarme en su lujosa furgoneta con la que habían venido haciendo espectáculos callejeros desde Zaragoza (historia que contaré otro día).
Pese a lo enorme de un evento en el que se esperaban más de 5000 personas y ser en un parque como el Olympia Park, sede de los Juegos de Múnich '72, la señalización era más bien escasa y tuvimos que dormir, junto con otros malabaristas, fuera del recinto por no encontrar la entrada. Luego supimos que la legislación alemana impide poner carteles alegremente por las calles. Durante todo el encuentro pudimos comprobar la pasión germana por las normas y su incapacidad para flexibilizarlas (algo malo tendrían que tener). Tras un recibimiento lluvioso, el sábado dió una tregua y amaneció despejado, era el día para inscribirse, dar una vuelta por las instalaciones y buscar el mejor sitio para las tiendas y la furgoneta. Comenzaba la aventura.
Las instalaciones eran realmente impresionantes, siendo un gran punto a favor para la sufrida organización. El Olympia Park es un bonito parque muy cerca del centro de Múnich con sitio de sobra para celebrar una EJC y además un Sommerfest sin problemas. En él habían dispuesto varias zonas de acampada, zonas para caravanas, dos zonas para monociclistas, un supermercado con precios populares (extraordinaria idea), duchas y baños portátiles aceptablemente limpios y una enorme explanada que apodaron como EJC Village y constaba de: una carpa para la celebración de los Open Stages, una carpa bar, una carpa Renegade y otra para espectáculos diversos, una zona de puestos de comida con descuento para malabaristas, zona para malabares de fuego, zona chill-out y tres pistas de volley-maza, casi nada. Para rematar este despliegue quedaban el Werner-von-Linde Halle, un pista cubierta con suelo de tartán ideal para los talleres de acrobacias y la joya de la corona: el Olympiahalle. Se trata un enorme estadio olímpico donde se celebraban la mayoría de talleres, en cuya pista estaba la zona de entrenamientos 24 horas, zona de internet, punto de información, galería de tiendas; básicamente el núcleo de todo el encuentro, aunque situado a 15 minutos andando de la EJC Village.
Mención aparte merece la preocupación de los organizadores y voluntarios por informar siempre con una sonrisa en la cara y por su utilización de las nuevas tecnologías. Dispusieron de varias pantallas tanto en el Olympiahalle como en la Villa donde informaban de los talleres y actividades del día siguiente; además de establecer dos puntos de Wifi gratuita para los asistentes y emitir muchas galas en streaming a través de la página jugglinglife.com. Como detalle a agradecer, montaron un sistema de carga de dispositivos electrónicos, sin los que ya no sabemos vivir. Lo del supermercado y las duchas con agua caliente (según la hora), fueron otros pequeños elementos que hacen grande un encuentro.
Carpa Open Stage y de fondo la carpa-bar y los puestos de comida.
Las estimaciones hablaban de batir el récord de asistentes a una EJC (en vigor por Karlsruhe 2008, también en Alemania, 6600 participantes), pero la cifra se quedó en "sólo" unos 5000 malabaristas, aproximadamente. Con semejantes instalaciones no se aglomeraba la gente en prácticamente ningún momento, salvo en ciertos talleres muy populares o en la entrada de los primeros Open Stage, donde casi te obligaban a hacer cola desde una hora antes de la apertura de puertas para evitar no quedarte fuera. Y es que la carpa de los Open Stage estaba muy bien acondicionada pero sólo permitía la entrada a unas 2000 personas (algo apretadas), lo que provocó suficientes quejas como para que los organizadores se plantearan ofrecer Open Stages paralelos para los que se quedaron fuera. Fuera de estas pequeños descontentos, la respuesta de los asistentes fue tan positiva como acostumbra en estos eventos: muy buen ambiente, ganas de conocer gente, interés por participar en las actividades y ayudar a los voluntarios. Hay que recordar que pese a las dimensiones del encuentro, nadie gana dinero con ello, todo son voluntarios y se realiza por malabaristas para malabaristas, con el único afán de promocionar este particular arte.
Puestos ya en situación de lo que era la EJC, os invito a ver la siguiente entrada sobre lo que tuvo lugar en este gran encuentro. No sin antes ofreceros a dar una vuelta en monociclo por la EJC Village.
Impresionante documento el que me enlaza mi amigo J. Jiménez Gálvez (gran periodista y compañero de algunas aventuras muy surrealistas por cierto Colegio Mayor) desde el blog Nando Cartoonista. Se trata de un gran reto a la antigua usanza, de juntar a dos genios y proponerles un desafío para asombrarnos -los mortales- ante su facilidad absurda para salir con brillantez del paso.
El reto en cuestión lo idearon en 1972 los dibujantes francófonos Jean-Claude Forest (Barbarella) y Joseph Gillain, alias Jijè (Jerry Spring), para sus compañeros y amigos Jean Giraud, alias Gir o Moebius, y Hugo Pratt. En este caso les plantean construir una historia muda con sólo tres viñetas y usando sólo las cuatro onomatopeyas ya impuesta por los retadores.
Giraud y Pratt usan a sus archiconocidos Teniente Blueberry y Corto Maltés para crear, por turnos, una sencilla y amena mini-historieta. Usando ese magnífico recurso que son los espacios entre viñetas y que sirven de elipsis como código universal, cualquier espectador puede imaginar en tres pasos la historia completa, a la que dan un final cerrado, y que invita a imaginar cómo se llega a la primera de las viñetas. Una maravilla, vaya.
Os recomiendo que perdáis 12 minutos de vuestro tiempo para disfrutar de estos dos genios, de los detalles de sus dibujos, de su facilidad para dibujar a mano alzada, de su uso de los espacios, las proporciones y cómo traspasan los límites que a veces nos imponemos (el final de la viñeta, el texto de las onomatopeyas, etc).
Nota: Parece formar parte de un programa de televisión canadiense llamado Du Tac au Tac, en el que (supongo) entre otras cosas, juntaban a los dibujantes más de moda del mundo francófono para realizar curiosos retos que no veo cabida en la agitada y rosa parrilla televisiva actual. Mirad si no este juego que les plantean a Franquin, Uderzo, Fournier y Bretecher, en el que van añadiendo dibujos por turnos para crear divertidas situaciones con estilos mezclados. O este otro en el que vuelve Giraud con Druillet, Gotlib y Bretecher. Bien por la Bande Dessinè y por el respeto de los franceses (y belgas y canadienses) por la historieta como medio de expresión artística. Gracias Chema.